miércoles, 18 de diciembre de 2019

La banalidad de los «derechos humanos»

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Entre Fronteras
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Manifestacion-ChileFoto vía Unsplash

(Comentarios a propósito del día mundial de los DH, el 10 de diciembre)

1

Desde que un presidente, no contento con haber sido elegido una vez, y haberse reelegido tres veces más, y no pudiendo ya postularse a una cuarta vez, porque un referéndum que él mismo promovió le dijo no a esa nueva exigencia; y que a pesar de tal impedimento, el presidente haya recurrido al Tribunal Supremo de Justicia del país, para que lo autorice a postularse, argumentando que era «su derecho humano» hacerlo; y que ese poder a pesar de lo anticonstitucional y hasta jocosa demanda, lo haya autorizado, parece el colmo.

Para nada sirvió esa argucia. Porque el personaje (Evo Morales, expresidente de Bolivia) derrochó la oportunidad al cometer fraude delante de nuestras narices, de las narices de todo el mundo. Después RENUNCIÓ, y emprendió una azarosa huída en el avión del país que lo acogió. Pero al amanecer, y quizá por tratarse de otro día, el mundo que ayer lo condenaba por lo mal que había hecho, hoy lo apoyaba (al menos así lo parecía), y ya se hablaba de «golpe», palabra bastante gastada en Latinoamérica. Luego hubo otros hechos que disminuyeron su apoyo, porque así de caprichosa es la opinión pública.

2

Desde que un régimen de gobierno como el de Venezuela, tan evidentemente represor, que limita las libertades de todo tipo, que apresa y tortura a mansalva, que ha expulsado de su territorio a más de 4 millones de sus connacionales, y que aplica medidas semejantes a un exterminio de su población, haya a pesar de lo dicho, obtenido un puesto (a partir del 2020) en nada menos que el Consejo de derechos humanos de las Naciones Unidas, es también el colmo.

Todo esto, muy a pesar que Venezuela fue renuente a la creación del organismo del que será parte. Se abstuvo en la votación que le dio origen, en el 2006. Este año también fue el año del «aquí huele azufre», frase célebre pronunciada por Hugo Chávez, en el estrado de la Asamblea anual de las Naciones Unidas, refiriéndose al entonces presidente de los EE.UU., George W. Bush, que había estado en ese lugar, el día anterior, y que según Chávez, era «el Diablo». Hugo Chávez criticaba casi a todos los organismos internacionales, y decía que no servían para nada. En realidad la política de Venezuela hasta ahora está sujeta a si dichos organismos les sirven incondicionalmente a sus intereses. Si no es así, los critican agriamente, y hasta se retiran de ellos.

Si es reprochable que Venezuela integre el Consejo de derechos humanos de la ONU, otros gobiernos tiranos y violadores de esos derechos, lo han integrado o lo integran todavía, como Cuba, China y Arabia Saudita. Imagínense a este último país, donde la crítica se paga cara, como lo testimonia el atroz descuartizamiento del periodista Jamal Khashoggi, en el propio consulado saudita en Estambul.

3

Nos encontramos ahora ante las revueltas de Chile, (y no hablemos de Colombia, cuyas revueltas fueron casi un calco de las chilenas). ¿Qué hemos visto? A grupos gigantes de seres humanos (sí seres humanos), que avanzaban por las calles de las ciudades como si se tratase de una invasión alienígena; como monstruos salidos de los relatos de Herbert George Wells en su famoso libro «La Guerra de los mundos». Estos alienígenas a su paso iban destruyendo lo que se les presentase por delante: estaciones de metro, locales comerciales; y a estos últimos los saqueaban y después los incendiaban. La destrucción fue bárbara, y las pérdidas cuantiosas.

Hemos visto también -siempre hablando de Chile- a un pequeño ejército de personas, con chalecos amarillos, que mezclados entre la arrasadora multitud, iban por decirlo de algún modo, librando papeletas a algunos carabineros que reprimían a la turba. Esos eran una especie de cazadores «de violadores de derechos humanos». ¿Quién les ordenó que hagan esa labor?, ¿o pueden operar por sí solos por el sólo hecho de ser una organización de DH, en este caso el INDH (Instituto Nacional de Derechos Humanos)?

En videos y fotos hemos visto a estos «cazadores» reunirse, o rendirle cuentas, a la diputada chilena Karol Cariola, y ésta reaccionar con furor contra Piñera, el presidente chileno, amenazándolo con el arma de «los derechos humanos». Y aquí nos preguntamos: ¿El uso de esta arma, los DH, por parte de Karol Cariola y sus partidarios, no plantean un conflicto de intereses?, por la sencilla razón que la diputada representa al Partido Comunista, agrupación opositora a Piñera. ¿Cómo podemos imaginarnos que sus acusaciones sean imparciales? ¿No es acaso un ventajismo desatinado y una manera fácil de sacar ventaja política utilizando los sagrados derechos humanos?

Aún más: El Partido Comunista de la diputada Cariola, formó parte de Nueva Mayoría, la coalición de partidos que llevaron a su segundo gobierno a la expresidenta Michelle Bachelet, quien se desempeña ahora como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Bachelet fue rápida para enviar una comisión de DH a Chile, cosa que no ocurrió con igual presteza con Venezuela. Nos preguntamos también, ¿el apoyo de Bachelet no plantea igualmente un conflicto de interés, aún cuando esté ejerciendo su labor?, porque ella es una neta adversaria política de Sebastián Piñera. ¿Habrá neutralidad? ¿Serán fiables los procesos que se invoquen?

Todo esto pasa, porque estos cargos internacionales (incluidos los que puedan determinar el encierro de por vida de una persona, por violaciones a los Derechos Humanos) están en manos de políticos, y de políticos activos incluso, que pueden usar esos puestos como trampolines para llegar a otros puestos mejores. También se ha dado en entregar el liderazgo de estos cargos como un premio a la performance de algún político, y etc., etc.

Tal vez, la «revolución ciudadana», debería darse una vuelta por esos organismos.

Este es un texto de opinión. Las visiones presentadas son propiedad únicamente del autor.

Víctor Hugo Ortiz
victor@noticiasmontreal.com

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú ...

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