jueves, 20 de febrero de 2020

Ignacio Piatti

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Entre Fronteras
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Ignacio-Nacho-Piatti-Impact-MontrealFoto: Pablo A. Ortiz / NM Noticias

En las graderías del estadio Saputo de Montreal ya no resonará en adelante el grito entusiasta de la hinchada del Impact de Montreal, que pronunciaba: ¡Nacho… Nacho…!, ¡Nacho… Piattiiiii!, al tiempo que una gigantesca campana, que está en una de las tribunas de ese estadio, repicaba incesante, como llamando a misa, pero esta vez alegre, se sumaba a la gritería.  

Nacho Piatti estuvo hasta comienzos de este mes (lunes, 10 de febrero 2020), y desde el 2014, vistiendo la camiseta 10 del equipo montrealés; y sin más tiempo que esperar, dos días después, el miércoles 12, ya tuvo su primer entrenamiento en el San Lorenzo de Argentina, el club donde Piatti jugó antes de integrarse al Impact. Ignacio, pues, volvió a sus raíces.

Jugador de 35 años, nació en la localidad denominada General Baldissera, perteneciente a la provincia de Córdoba, en Argentina. Tenía un contrato con el Impact hasta finales del 2020. No obstante, ante la inminencia de su finalización, además de su situación familiar (su esposa está en Argentina con su hijo recién nacido), Piatti prefirió apurar la partida.

Nos habría gustado, sin embargo, que el club de los Saputo hubiera retenido su partida, porque Piatti para el Impact, siempre ha sido una pieza clave, que no sabemos cómo van a remplazarlo.

Para el francés Thierry Henry, flamante entrenador del club, la ausencia de esta ficha en su tablero puede complicarle su performance desde su debut, puesto que, de Thierry, (figura del deporte mundial), se tiene elevadas expectativas.

Ignacio Piatti, le dio muchos episodios de gloria al Impact de Montreal, y sembró en la fanaticada un cariño especial a su persona y su familia; y él por su parte, tuvo igual reciprocidad con esta provincia. Dijo en uno de sus mensajes de despedida, que esta ciudad, y su experiencia en ella, permanecerán en su corazón el resto de su vida.

Las múltiples veces que lo hemos visto a Nacho en la cancha, nos ha parecido un jugador con muchas aptitudes. Dribleador nato, con buen dominio del balón, capaz de robar con destreza la pelota al contrincante, tener sentido de la meta, repartidor de pelotas a sus compañeros; y corriendo, a menudo rebasa a sus contrincantes contraatacándolos de frente.

El propietario y presidente del Impact, Joey Saputo, ha expresado en el sitio del equipo, palabras de agradecimiento a Nacho: “Su profesionalidad, clase y amor por el deporte, este club y esta ciudad han marcado su tiempo en Montreal. Los momentos emocionantes que nos permitió experimentar y compartir a través de su juego en el campo permanecerán fijos en la historia de este club, al igual que su condición de uno de los mejores jugadores en usar la camiseta Impact”, dijo.

No obstante, creo que el joven argentino no ha recibido suficientes homenajes o reconocimientos por su labor. En el fondo -aceptando, como todo el mundo, sus altibajos- es una persona de éxito, que se integró junto con su familia a esta sociedad quebequense, que a veces resulta compleja de entender, y con su invierno extremo que a menudo nos hace temblar, pero no sólo de frío, sino de miedo.

Basta escuchar a Ignacio hablando francés, para saber que se trata de un latinoamericano, y más propiamente de un argentino. Esto nos debe pasar a todos nosotros, que venimos del continente americano, al sur del Rio Bravo. Nuestro acento nos delata, al tiempo que nos destaca. A pesar de ello, Nacho, es locuaz y entendible en la lengua de Molière, y no se arredra si le faltasen palabras, para recurrir a la lengua de Cervantes, que es tan universal como la otra.

Los argentinos, como bien decía una profesora de francés (de aquí), tienen una ventaja ante los otros latinos en cuanto a la pronunciación del “je” (je suis, yo soy). Pronunciando el “je”, es decir el “yo”, a los argentinos les sale tan natural, tal como se dice en buen francés, y no “ie”, como seguramente decimos los demás. En conclusión, cuando se trata del “yo”, no hay nacionalidad que pueda ganarle a un argentino.

Al margen de las bromas, Piatti no es ningún presumido, que bien podría serlo. Es más bien humilde, y asimila con ecuanimidad los vítores de la hinchada, cuando mete un gol: ¡Nacho… Nacho…!, ¡Nacho… Piattiiiii!

Víctor Hugo Ortiz
victor@noticiasmontreal.com

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú ...

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