martes, 28 de julio de 2020

Nuestra primera experiencia en un «Prêt-à-camper» de la Sépaq

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Foto: María Gabriela Aguzzi / Grupo NM

Primero que nada quiero decirles que no soy experta en camping. Aunque lo encuentro demasiado emocionante y solía hacerlo a mis 20 años, en Canadá, después de 10 años, es la primera vez que nos aventuramos a viajar de esta forma. Fue la mejor experiencia, sobre todo, porque pudimos hacerlo bien tradicional, con un relativo bajo presupuesto y con nuestro hijo de casi 3 años.

Los Prêt-à-camper de la Sépaq son alojamientos con casi todo incluido para vivir tu experiencia de camping en un parque nacional de Quebec. Hay varios tipos y los precios varían. Cuando decimos que es casi todo incluido es porque:

  • No tienen baños. Debes usar los bloques sanitarios compartidos, dependiendo del sector donde esté ubicado tu espacio para acampar. Puedo decir que al menos el que nos tocó en esta oportunidad, en el Mont-Orford, estaba bastante limpio y ordenado. Tiene duchas, lavamanos y lavaplatos en la parte exterior. En tiempos de COVID-19, como debes imaginarte, es necesario entrar con mascarilla a los baños. Importante destacar que siempre tuvieron papel higiénico, pero nosotros optamos por llevar el nuestro (preferencias personales). Altamente recomendado utilizar cholas (flip flops) para las duchas y, claro está, llevar champú, acondicionador, jabón y demás artículos de aseo personal.
  • Debes llevar la ropa de cama. En los prêt-à-camper tendrás los colchones y las almohadas, pero no sábanas, ni mantas, ni nada por estilo. Nosotros optamos por llevar también nuestras almohadas, pero eso fue una decisión completamente personal.
  • Y claro está, debes llevar tu comida. En este punto es importante mencionar que las carpas/casitas de la Sépaq tienen una cocina a gas con dos hornillas y también tienen la opción de hacer fogata y cocinar tu asado en la parte exterior. Tienen una pequeña nevera, en la que seguramente podrás guardar todo lo que necesites para tus días de camping. No está de más llevar una cava/hielera que necesitarás para trasladar tus alimentos y bebidas desde tu lugar de partida y así, durante el camping, puedes comprar hielo y tener otro espacio frío.

¿Con qué está equipado el prêt-à-camper tradicional?

En la parte exterior:

  • Una mesa de picnic
  • Cuatro sillas
  • Espacio para la fogata (la leña la compras dentro del mismo parque nacional)

En la parte interior:

Foto: María Gabriela Aguzzi / Grupo NM
  • Colchones y almohadas
  • Una mesa y cuatro sillas
  • Una nevera tipo ejecutiva (pequeña)
  • Ollas, sartenes y una cafetera tipo italiana
  • Vajilla
  • Vasos
  • Jabón de lavaplatos biodegradable
  • Un desinfectante
  • Trapos de cocina

Canicule y una visita inesperada

Nosotros optamos por visitar la zona del Lac Stukely del Mont-Orford, ubicada a una hora y media de Montreal. Llegamos un domingo en la tarde, pues puedes entrar a tu carpa a partir de las 5 pm. Con los 40º de sensación de ese día, dejamos las cosas dentro de la casa e inmediatamente nos fuimos a la playa. El atardecer estuvo espectacular y la humedad nos invitó a meter rápidamente los pies en el agua. Eran las 7 pm y aún quedaban familias caminando por la arena, algunas en el parque con juegos para los niños y muchas personas ya regresando a sus carpas después de un baño refrescante. Las fogatas iban remplazando el sol mientras caía la noche. Salvo el fuego, el bosque estaba tan oscuro como el mismo cielo nublado de esa noche.

Foto: María Gabriela Aguzzi / Grupo NM

El calor nos venció temprano. Aunque teníamos en plan hacer hamburguesas en la fogata y comer malvaviscos, el viaje, la humedad y la oscuridad nos hizo acostarnos a la misma hora que Ignacio, nuestro hijo. 9:30 pm y ya dormíamos como bebés. No voy a mentir. El calor aún se sentía fuerte y hacía que me despertara cada cierto tiempo. Recordaba entonces la intención que tuvimos en algún momento de llevar un ventilador, pero en nuestro Prius (Oh, Toyota) ya no cabía ni un alfiler. A dormir de nuevo. A eso de las 12 am, me vuelvo a despertar para preguntarle a mi esposo si no quería ir al baño. Con su mayor esfuerzo de dormido solo atinó a decirme «no».

Como la humedad lo anunció las horas previas, minutos más tarde vino la lluvia. Intensa y de gotas gordas. Se escuchaba fuerte en la lona de la carpa. Despierta de nuevo me pregunto a mí misma si quiero ir al baño, pero el cansancio -y seguramente la oscuridad y la lluvia- me hicieron responderme «no». Sigo durmiendo, desarropada y pendiente de Ignacio. Cosas de mamá.

Quizá 2 am y escucho ruidos en la puerta. Sin abrir los ojos imagino que es Pablo que finalmente decidió ir al baño (podía sentir a Ignacio pegadito a mí). Los ruidos persisten por unos segundos y suena como que logran abrir la puerta. Luego un nuevo ruido: la nevera. Sigo con los ojos cerrados, convencida de que era Pablo que ahora tenía hambre. Pienso que tengo sed, así que decido abrir los ojos para pedirle un vaso de agua… Me siento, dormida aún, abro los ojos y veo la nevera abierta, pero no veo a Pablo. A Ignacio lo seguía sintiendo cerquita de mí. ¿Qué es esto? ¿Quién es? Mis ojos bajan lentamente buscando al culpable de mi tercera despertada de la noche y sí… era un mapache con su antifaz de ladrón que quería cargar con lo que había en nuestra nevera. No grito. No me levanto. Solo despierto a Pablo y le dijo: «se metió… Pab, se metió», mientras tapaba a mi hijo con mi cuerpo. Más tardé yo en todo el proceso que Pablo en levantarse y espantar al mapache, no sin antes que lograra sacar uno de los quesos, pero se le cayó en su huída.

Todo este largo cuento de la primera noche en el prêt-àcamperpara recordarte lo importante que es leer el manual que encontrarás dentro de la carpa y de efectivamente seguir las recomendaciones de cerrar la casa, en especial, el seguro antimapaches (no creas que no leímos las recomendaciones, recuerda que el sueño nos venció).

La lluvia continuó y finalmente a eso de las 5 am refrescó. De hecho se llegó a sentir frío dentro de la carpa. Recordé la recomendación de una conocida de, aunque sea verano, llevar siempre una manta relativamente gruesa, porque es bastante factible que incluso en periodo estival, la temperatura baje bastante durante la madrugada.

Sol y actividades acuáticas

El fresco de la mañana no duró mucho. A las 8 am nos botó de la carpa. Nada. La mejor opción es desayunar rápido e ir a la playa. Eso hicimos luego de la visita matutina al baño. Hice unas arepas, un café que supo a gloria y Pablo e Ignacio jugaron alrededor de la mesa de picnic. Comimos, otra visita al bloque sanitario, nos vestimos y nos fuimos a la playa.

Fuimos ligeros porque nuestra hielera no tiene ruedas. Decidimos llevar solo algo para picar y cuando Ignacio tuviera hambre volveríamos a la carpa a buscar comida. La playa estaba deliciosa gracias a los 33º grados que hacían, pero sí, es fría, así que si eres de los que goza estar dentro del agua por largos periodos reza porque el día que vayas haga bastante calor. El día fue de jugar en la arena, en el agua, comer y descansar. Caída ya la tarde quisimos alquilar un bote a remo, pero el viento fuerte que comenzó a sentirse hizo que los dejaran de alquilar. Optamos por uno a pedales. Lo alquilamos por cuatro horas, aunque lo usamos solo dos y media. Vimos otras partes del lago y el paisaje es realmente hermoso, así que no dudes en aventurarte una vez estés allí. También puedes alquilar kayaks y paddle boards.

Foto: María Gabriela Aguzzi / Grupo NM

En el área de la playa hay una tienda/dépanneur, baños, cambiadores y un restaurante (que por la pandemia no está operando en estos momentos).

Fogata y las estrellas

A eso de las 7:30 pm volvimos a la carpa. Nos sonaba el estómago del hambre, así que nos pusimos manos a la obra para hacernos unos choripanes en la fogata y recordar a nuestros amigos argentinos. La humedad aún golpeaba, por lo que en medio de la preparación, fui a darme una ducha fresca de solo cuatro minutos (es la recomendación del parque para cuidar el ambiente). Cuando volví invité a Pablo a hacer lo mismo. Sabía que la piel insolada nos pedía esa agua fresca antes de comer y dormir. Pablo regresó y nos sentamos a comer y a disfrutar la naturaleza, tan silenciosa, pero llena de sus propios sonidos. Nuevamente las fogatas remplazaron el sol y esa noche, para mi fortuna, estaba despejada. Ya comidos (incluyendo los malvaviscos de postre) y descansados, vimos un espectáculo en el cielo, un espectáculo que siempre está, pero que las luces de la ciudad no dejan apreciar: las estrellas. Ignacio durmió en mis brazos, la temperatura bajó y allí estaban las estrellas, mientras Pablo aprovechó para tomar una foto de 50 minutos de exposición (vean el resultado ⇩).

Foto: Pablo A. Ortiz

Pueden seguir a Pablo en su Instagram.

Dormir esa noche fue un regalo -casi- tropical. No hubo calor ni humedad. No hubo mapaches. La manta gruesita hacía el trabajo. Fue todo confort.

Repeat

El día que dejas el prêt-à-camper lo debes hacer antes de las 12 pm, de tal manera de permitir que sea limpiado antes de los próximos visitantes.

Hicimos nuevamente un desayuno rico y el café que sabía a gloria. Recogimos y con esa nostalgia del que sabe que se tiene que ir, pero quizá no quiere tan pronto, montamos todo en el carro para volver a Montreal.

A Ignacio le había gustado tanto el agua de la playa que fue lo que primero pidió al montarse en su silla del carro. Yo, con mi corazón de niña, tampoco me quería regresar tan temprano, así que le comenté a Pablo que por qué no pasábamos el día allí y volvíamos más bien en la tarde. Esto representaba un problema -por no preguntar rápidamente- porque no podíamos dejar el carro en el espacio del prêt-à-camper y el estacionamiento más cerca estaba casi a un kilómetro de la playa, un recorrido que Ignacio no iba a hacer caminando y que las espaldas de papás no iban a soportar si tocaba cargarlo. Habíamos leído que el estacionamiento que está cercano a la playa es solo para los visitantes por el día y por eso pensamos que no podíamos estacionar allí.

Pero como preguntando se llega a Roma (¿no?), preguntamos y sí podíamos estacionar en ese espacio, solo que debíamos pagar por el día de parking (10 dólares). Quizá me pareció injusto al principio porque veníamos de gastar más de $300 dentro del parque, pero cuando vi que íbamos a poder bajar la cava/hielera y que íbamos a estar realmente cómodos... listo, paguemos y pasemos el día aquí.

Ese día, a diferencia de los dos anteriores, la temperatura no estaba tan alta, por lo que el agua quedó solo para los valientes (aka no tan friolentos). A pesar de ello, pudimos jugar en la arena, comer en la grama y pasar un día diferente. Fue como hacer un picnic en la playa.

Así fue nuestra primera experiencia en un prêt-à-camper de la Sépaq. Ojalá te sirva si te había picado el mosquito del camping, especialmente este año, en el que la pandemia nos está invitando a viajar dentro de la provincia y/o dentro de Canadá. Es una oportunidad especial para conocer más, estar en la naturaleza y despegarse un rato de las noticias y de los celulares, respetando las reglas de distanciamiento físico.

Algunos links de interés:

Foto: María Gabriela Aguzzi / Grupo NM

Instagram: Gaby Aguzzi

María Gabriela Aguzzi V.
gaguzzi@noticiasmontreal.com

Periodista. Las calles de Caracas, Venezuela, me llevaron a escribir sobre nuestras comunidades, una pasión que también he compartido en Montreal. Luego me especialicé en periodismo económico. Hoy...

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