martes, 1 de diciembre de 2020

La segunda ola

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Entre Fronteras
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Diseño: Víctor Hugo Ortiz

Hay olas de olas. Sin contar, por supuesto, el Hola, con el que saludamos; o el Hola de la revista Hola. Sin referirnos tampoco a “la Hola”, que, según el lenguaje chino-occidental, se utiliza para preguntar la hora.

Tampoco hablamos del fenómeno llamado “la nueva ola”, surgida en los sesenta y que perduró hasta los ochenta, durante cuya etapa numerosos cantantes, autores de música, grupos musicales, causaron una verdadera revolución en mundo entero, en especial en Latinoamérica.

De esa época -y valga el recuerdo- destacamos a los argentinos, Palito Ortega, Leo Dan y Los Cinco Latinos; a los brasileños, Nelson Ned y Roberto Carlos; a los chilenos, Los Ángeles Negros, Los Galos; a los peruanos, Pepe Miranda, César Altamirano, Joe Danova, Los Dolton; a los puertorriqueños, Bobby Capó y Chucho Avellanet; y, a Los Iracundos y Los Shakers, de Uruguay. Y podríamos seguir…

Nos referimos, más bien, a las olas marinas, las que pueden ser tan mansas, como bravas y peligrosas. Quienes alguna vez han quedado atrapados en las fauces de una de ellas darán fe de lo que eso significa.

Narraré que, empezando la adolescencia, me tocó vivir un par de años, en un balneario que se llamaba Buenos Aires. En realidad, los aires eran buenos, y su costa, tan hermosa y grande, como grandes eran las olas que reventaban sin cesar en ella. Era una playa muy amada por los corredores de olas.

Estando una vez en esa vasta playa, y niño al fin, entretenido en recoger cositas que traía a la orilla las olas del mar, una de ellas -diría asesina- me agarró por la espalda, la muy traicionera, y cual mano gigante, me arrastró varios metros mar adentro, hacia sus profundidades, y tras revolcarme en el fondo, una y otra vez, y tragar mucha agua salada y arena, tuvo la ola la gentileza de arrojarme como un estropajo en la orilla; y maltrecho, como si un tren me hubiera caído encima, me incorporé y me alejé antes que una segunda ola hiciera conmigo, lo mismo o peor aún.

De aquí extraemos la primera lección que dice: Ante el peligro, aléjate, y guarda tu distancia.

Pero, si eres una persona porfiada, aventurera, negacionista, que quiere sentir la emoción del revolcón, o porque eres muy bravo y quieres cabalgar la ola, te recomiendo que al menos uses esta tabla 😷, que bien te puede servir para surfear esta segunda ola. De aquí, surge otra recomendación: usa la mascarilla.

Y si eres de las personas, con sentido común, que prefieren no tentar al peligro de ninguna manera, te viene muy a tono, la tercera y tan reñida medida que dan los gobiernos, que dice: Mejor, quédate en casa, en confinamiento, y no salgas de ella.

No es necesario, ni recomendable, que, debido a estas privaciones, que más bien son previsiones, montes en cólera y maldigas; o te impacientes, o te deprimas. Tampoco pretendas ir contra la Naturaleza, si es que de allí ha venido el “mal”, porque hay opiniones de opiniones. Algunos creen que es el ser humano que lo ha producido. Mientras esto no se dilucide, el asunto queda en suspenso.

Lo importante, creo yo, es hacer lo necesario para atravesar este período difícil, por dos razones: primero, porque estamos a las puertas de una vacuna, que si bien no destruirá el “mal”, lo atenuará de manera importante, al punto que podamos convivir con él sin que se derive en una pandemia; y, segundo, que no sean otros que cuenten a nuestros hijos, y a los hijos de nuestros hijos, de esta nueva hazaña, que ha vivido y superado la humanidad, allá por los años 2020.

De otra parte, es bien sabido que toda ola cae necesariamente, aun cuando haga mucho ruido en su desplome, para convertirse luego en unas mansas, blancas y espumantes aguas, que desaparecerán absorbidas por la arena de la playa.   

Víctor Hugo Ortiz
victor@noticiasmontreal.com

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú ...

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