lunes, 21 de diciembre de 2020

El triste oficio de delatar

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Ojos vigilantes / De Freepik

Considerando que estamos en una etapa grave de la crisis del coronavirus y que estamos a las puertas de las fiestas decembrinas, que podrían dar paso a la posibilidad (bien real, por lo demás) que la gente se reúna a ”faire le party, nuestra alcaldesa Valérie Plante, ha anunciado recientemente una medida que implementará para evitar dichas fiestas.

¿Y qué es lo que dijo la mairesse?

Dijo: “Pienso que, si uno ve varias personas que entran en una residencia, la cosa a hacer es llamar a la policía inmediatamente”, según la cita tomada de La Presse.

Y para ratificar lo que venía de decir, Valérie Plante cedió la palabra a Sylvain Caron, quien la acompañaba en la conferencia de prensa. Caron, jefe de la policía de Montreal (SPVM), encargado de implementar una brigada contra el tráfico de armas de fuego, dijo precisamente que esa brigada estará a la orden para intervenir el 24 y 25 de diciembre.

Pues bien. Comprendo que la situación es desesperante, sobre todo cuando no se tiene la capacidad física hospitalaria, ni el personal suficiente para atender emergencias como las planteadas por la COVID-19. Sin embargo, este es un viejo problema. Innumerables personas se quejan año tras año, de las largas esperas para poder operarse, entre otras razones.

A pesar de ello, me pregunto ¿es una medida aconsejable la de incitar a la gente al oficio de delator, al oficio de soplón? Este es un oficio muy triste y bajo, y no siempre justo. Por otro lado, ¿estimular estas acciones, ennoblece al dirigente?, ¿debemos aplaudirlo?

A mi modo de ver, esta es una media muy básica. No es la clase de respuesta que esperamos de una autoridad, de un dirigente. Elegimos a estas personas porque creemos que, frente a los desafíos, serán capaces de sorprendernos al hacer lo que los mortales no sabemos o no podemos hacer. Los elegimos porque creemos que ellos serán capaces de mostrarnos otros ángulos de los problemas, y de imaginar soluciones que aún no están a la vista. ¡Qué tal si se soluciona de una vez por todas los problemas de la capacidad sanitaria!

La delación es un triste papel para el que lo desempeña. Estoy hablando de la delación como un acto masivo, no los casos particulares de denunciar un crimen o cualquier agresión específica. La delación ejercida por parte de la sociedad pone en peligro las relaciones dentro de ella misma. No es recomendable enfrentar a unos vecinos contra otros. ¿Qué va a ser de las relaciones entre ellos cuando baje la presión?

La delación como acto social y hasta político nos trae recuerdos terribles. ¿Cuántos judíos fueron enviados a las cámaras de gas, después que fueran denunciados por otros alemanes que creían estar brindando un servicio a su patria?

¿Cuántas personas fueron al paredón, o las cárceles, o la tortura, tras el golpe de Estado dado por Pinochet, en el Chile de los 70? Muchas de ellas, muchísimas, fueron denunciadas por sus vecinos. También es sabido que, en la Cuba actual, las organizaciones vecinales también son usadas para el detestable oficio de la delación; modelo que ha sido trasladado a Venezuela, y etc., etc.

Víctor Hugo Ortiz
victor@noticiasmontreal.com

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú ...

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