miércoles, 20 de enero de 2021

Castigar el precedente evitará una catástrofe futura

Publicado en:
Entre Fronteras
Por:
Temas:
Donald_TrumpFoto: La Casa Blanca

De algo estoy convencido. Cuando no se castiga al culpable, y en este caso, de manera ejemplar; entonces, él va a volver, y terminará de destruir lo que no pudo hacer antes. No conocerá amigos, porque nunca los tuvo, y sólo aceptará leales. Me refiero a Donald Trump.

Lo que ha hecho Trump, al alentar a su ejército de irregulares a invadir el Capitolio, recientemente, constituye un delito grave, execrable, para cualquier sociedad democrática, en especial la estadounidense. Era de esperar que toda la sociedad y todos los sectores políticos, incluyendo los Republicanos, hicieran causa común y censuraran al unísono al autor principal, que para colmo es el mismo que habitaba hasta hoy la Casa Blanca.

Los Demócratas dirán: Nosotros hicimos nuestra tarea, iniciamos un proceso de “impeachment” en la Cámara de Representantes, y es en el Senado que las cosas son diferentes. En efecto, la Cámara Alta, todavía con mayoría Republicana, ha venido comportándose como si ese problema no fuera con ella, y ganó el tiempo necesario para permitir que Trump cumpla su mandato, sin que sea sometido a ninguna censura. Esto, a pesar de que hay republicanos que, en lo personal, ganas tienen que le dieran al todopoderoso una lección inolvidable.

No obstante, lo dicho, el juicio parece que se hará de todos modos sin Trump en el gobierno, y podría iniciarse hoy mismo, día en el que Joe Biden asumió la jefatura de la nueva administración. Las circunstancias serán más favorables para una sanción efectiva, después que los Demócratas tengan la mayoría del Senado, tras el ingreso de los dos senadores que ganaron en Georgia, que pondrá a ambos partidos con el 50% del control, pero que con el voto dirimente de la vicepresidenta Kamala Harris, se hará la mayoría Demócrata.

Pero no se sabe bien qué validez legal tendría una sanción ex post, y si efectivamente podrían impedir que Trump ejerza algún cargo público en adelante; que evidentemente es lo más apropiado.

De no prosperar el “impeachment”, o de escaparse Trump de alguna de las tantas maneras en que lo sabe hacer, ¿qué podría impedirle a que regrese al gobierno en el 2024? Podríamos decir: a) un excelente mandato de Joe Biden, que permita a los Demócratas un siguiente e inmediato gobierno; b) el estado de salud de Trump, y no necesariamente la edad, porque tendrá 78 años, igual que Biden actualmente; y, c) que su cuota de apoyo siga tan baja, como lo está eventualmente ahora.

¿Qué pasará con la masa de apoyo de Trump? Considerando que muchísima gente votó en noviembre pasado en contra de Trump, y no necesariamente a favor de Biden, podemos concluir que los 74 millones que votaron por la reelección fueron votos conscientes y firmes a favor de Trump. De ellos una parte serían los votantes normales, que cumplen su deber, pero no se comprometen más allá; otra parte serán los fanáticos, los que se azotan o balbucean frases sin sentido moviendo la cabeza una y otra vez, como poseídos; y una tercera parte de ellos, serían los radicales, los vándalos, los equivalentes a los “camisas negras” de Mussolini, o a las “juventudes hitlerianas” y SS, de Hitler, o a “los colectivos” del chavismo.

Es decir, se trata de una masa enorme, grandiosa, envidiable para muchas agrupaciones políticas. ¿Podrán los Republicanos gerenciarla sin Trump? Les sobran ganas, y algunos de ellos como Ted Cruz, se frotan las manos pensando que podrían ser los herederos. Pero no creo, Trump es demasiado egocéntrico como para permitir no estar en control de su gente. Quizá ofrezca este legado a sus hijos, o quizá hagan de ella (la masa) buenos negocios (y a ver si con ello pagan los impuestos). Podría ser también que Trump se aparte del Partido Republicano y constituya su propio partido, y romper de esta manera el bipartidismo estadounidense, porque, al fin y al cabo, Trump es una marca.

Pero como estamos en tiempos nefastos, y cuatro años parecen poco y al mismo tiempo mucho, puede ocurrir en el intertanto cualquier cosa insospechada, y no nos sorprenderíamos. Lo peor sería que tengamos en el país del norte, un nuevo mesías, o al antihéroe, al “punisher” que tanto venera la gente del siglo XXI; o, que, para desgracia global, se convierta el sujeto en una suerte de nuevo “führer”, tan redimido, tan perdonado y consentido, como lo fueron uno a uno en su momento, Mussolini, Hitler y Hugo Chávez, para citar algunos.

Víctor Hugo Ortiz
victor@noticiasmontreal.com

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú ...

Artículos relacionados

thumbnail
hover

La guerra de la vacuna

¿A qué nos atenemos ahora? De un lado los voceros oficiales de los gobiernos nos hablan y nos dan informaciones que parecieran razonables,...

thumbnail
hover

COVID-19: Estos son los cambios en...

Tal y como estaba previsto, el primer ministro de Quebec, François Legault, anunció cambios en las restricciones activadas en la provincia...

thumbnail
hover

Cocina de la Nony: platos fáciles,...

Sacar una oportunidad de una dificultad y si es para ayudar a otros, pues, como dicen en Quebec, tant mieux. Eso fue lo que hizo Sonia Sanhu...