viernes, 21 de octubre de 2011

Leonard Cohen, premio Príncipe de Asturias de las Letras

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Canadá
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En su discurso de aceptación, improvisado, el músico y poeta canadiense confesó que “la poesía viene de un lugar que nadie controla”.

Informa así El País

La profunda voz del músico y poeta canadiense Leonard Cohen, premio Príncipe de las Letras, ha resonado en el teatro Campoamor a partir de las siete menos diez de la tarde. Ha sido el primer momento emotivo de la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias. “Haciendo el equipaje para venir cogí mi guitarra de la marca Conde, hecha en España, muy ligera. Me la puse en la cara y olía a la fragancia de la madera viva”, ha añadido en un discurso de diez minutos, improvisado, sin papeles, con gafas de sol en la mano y en el que ha descubierto cómo se enamoró de la cultura española. Fueron diez minutos de bello discurso, seguido con mucha atención por el Príncipe.

En un acto presidido por los Príncipes y con la presencia de la reina Sofía, los presentes han aplaudido largamente el discurso de Cohen, que ha agradecido su premio “a este pueblo” que le dado “tanto”. Hablando al auditorio ha agregado: “Me pasé la noche en blanco pensando en qué diría, tras comerme todo el chocolate y los cacahuetes del minibar, pensé en unas palabras, pero dudo de que haga falta referirse a ellas. He venido para expresar otra dimensión de gratitud”. Lo que hizo fue recordar como Federico García Lorca le dio “permiso” para encontrar su propia voz y cómo un gitano español le enseñó en Montreal los seis acordes de guitarra de los que, confesó, han salido todas sus canciones. “Todo lo que han encontrado favorable en mi obra viene de ahí”, y por extensión, de España: “Todo viene de esta tierra que me ha permitido poner mi firma en la última página”.

El poeta ha explicado cómo descubrió la poesía y la música española: “Un día estaba de visita en casa de mi madre. Había un parque con una pista de tenis. Había un joven tocando una guitarra flamenca. Me encantó, había algo que me cautivaba, quería tocar así”. “Cogió la guitarra, la afinó, me y dijo: ‘Tócala’. Me explicó dónde tenía que poner los dedos y me dijo otra vez: ‘Ahora toca’. Fue un desastre”. Cada día Cohen repitió y mejoró su aprendizaje, pero tras varios días el joven “ya no vino. Busqué su número para llamarle y descubrí que se había suicidado. No sabía nada de él, de qué parte de España venía, ni porqué se había quitado la vida. Nunca he contado esto antes pero esos seis acordes han sido la base de toda mi música”.

Minutos después, el príncipe Felipe fue contundente desde el arranque del que se dice es el discurso más importante de los que pronuncia anualmente. “Ayer [por el jueves] conocimos que quienes han martirizado durante tantos años a la sociedad española con su violencia terrorista asumen su derrota. Es, desde luego, una buena noticia. Es, sobre todo, una gran victoria de nuestro Estado de Derecho. Una victoria de la voluntad y determinación de las instituciones democráticas; del sacrificio y el trabajo abnegado, eficaz, de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad; en definitiva, del conjunto de nuestra sociedad. En esta hora en la que la libertad y la razón se abren camino sobre la barbarie, quiero volver la mirada, querría que todos unidos volviésemos la mirada, con inmenso cariño y respeto hacia las víctimas, hacia su dolor y rendir el homenaje más emocionado a su memoria y dignidad”.

Ovación más allá del protocolo

Cien palabras meridianamente claras que despertaron una ovación que iba más allá del protocolo y parecía destinada a todos los que han sufrido cuatro décadas de delirio terrorista. Una vez retomado el silencio, el Príncipe, que también recordó a las dos cooperantes españoles secuestradas en Kenia, repasó, como manda la tradición, a los galardonados: Riccardo Muti, Príncipe de las Artes; Leonard Cohen; Bill Drayton (Premio de la Cooperación Internacional); Howard Gardner (Ciencias Sociales); la sociedad científica The Royal Society (Comunicación y Humanidades); los neurobiólogos Joseph Altman, Arturo Álvarez-Buylla y Giacomo Rizzolatti (Investigación Científica y Técnica), Haile Gebrselassie (Deportes) y los llamados héroes de Fukushima (Concordia).

El Príncipe aprovechó el ejemplo de “esfuerzo, humildad, sacrificio y búsqueda de la excelencia” que encarnan los galardonados como receta contra una crisis económica “cuyas dimensiones y complejidad están poniendo a prueba nuestros modos de vida y nuestras capacidades”. Decisión, valentía, autoestima y esperanza fueron también algunas de las palabras que usó don Felipe antes de pedir: “Evitemos las confrontaciones y las divisiones estériles”. Busquemos, dijo, criterios comunes: “Debatir rigurosamente no es enfrentar, sino construir; aportar soluciones no es sinónimo de repudiar por sistema las ajenas; y llegar a acuerdos siempre propicia la generosidad, el compromiso y la confianza”. La primera persona del plural fue una de las constantes de un discurso que no se olvidó de los parados ni de los jóvenes. Ni de Europa, que “se encuentra hoy en una de las encrucijadas más decisivas de su historia”.

Riccardo Muti, napolitano, como Cohen, se refirió a España, a las raíces españolas de su ciudad después de aclarar que “los directores de orquesta no deberían hablar nunca”. De ahí su sorpresa, reveló, cuando le pidieron que hablara en la ceremonia. “Todos esperan”, dijo, “que diga que la música une, que la armonía y la belleza son básicas para que el mundo siga adelante, pero vivimos en la falta de armonía, en la lucha, la guerra y el odio. Todavía no hemos alcanzado la belleza para que el bien derrote al mal”. Luego evocó sus propias impresiones del discurso de Cohen -dos músicos en un escenario sin orquesta- para afirmar “la importancia del encuentro; y la música es encuentro”. “Mi tarea”, añadió, “no es tan solo demostrar que puedo dirigir a Verdi o Strauss sino hacer que a través de la música llegue la fraternidad”.

La belleza del sistema nervioso

También de belleza habló Arturo Álvarez-Buylla, el neurólogo mexicano de padres españoles exiliados tras la Guerra Civil. De la belleza del sistema nervioso y de “la correosa frontera de lo desconocido”, de la barbarie que lleva a los humanos a despreciar y destruir “formas de vida que tienen mucho que enseñarnos”. Lo mejor está por venir, dijo, “si no acabamos antes con el planeta o marginamos la actividad creativa y al imaginación de los pueblos”.

Cada galardón consta de un diploma, una escultura de ocho kilos diseñada por Joan Miró, una insignia con el escudo de la fundación y una dotación en metálico de 50.000 euros.

Pasadas las 20.00, los galardonados abandonaron el teatro y se dirigieron al hotel de la Reconquista de Oviedo. Con ellos, los integrantes de veinte bandas de gaitas y diez grupos folclóricos del Principado de Asturias. Fue una tarde de poetas, en verso y en prosa, con música y sin ella, de letras y ciencias. “Si queremos expresar la derrota que nos ataca a todos, debemos hacerlo en los confines estrictos de la dignidad y de la belleza”, dijo Cohen, al que el presidente de la Fundación Príncipe de Asturias, Matías Rodríguez Inciarte, citó en su intervención con palabras que los resumen todo: “Nos negamos a darnos por vencidos y a llamar poesía a la oscuridad”.