Domingo, 11 de Septiembre de 2011

Familiares de las víctimas del 11-S han pasado la década tratando de superar sus pérdidas

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Canadá
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El dolor aún los sobrepasa en momentos inesperados. El amor por sus familiares es incluso más fuerte, pero la vida continúa.

Para la mayoría de los familiares que perdieron a sus seres queridos el 11-S, seguir el día a día después de la pérdida, es un proceso en desarrollo.

En lugar de dejar ir el amor por esos que murieron, han dedicado la última década sacando lo positivo del dolor y encontrando nueva fortaleza en el proceso.

El esposo de Loretta Filipov, Alexander, estaba en el vuelo 11 de American Airlines cuando se estrelló contra el World Trade Center. 10 años después, espera que los afectados se enfoquen en su vida, en lugar de dejar que la tragedia los derrumbe.

“No voy a pararme en público para llorar. No voy a decir ‘pobre de mí’”, dijo la mujer de 74 años de edad en una entrevista. “Mi vida cambió y no volverá a ser la misma. Pero me muevo hacia adelante todos los días”.

Alexander Filipov era un ingeniero eléctrico que creció en Canadá y que se convirtió en ciudadano americano en la década de los 60. De 70 años, era el padre de tres hijos y vivió en Concord, Massachusstts, durante 44 años. Murió un día antes de su aniversario de bodas.

“Pensé que mi mundo se acababa”, dijo su esposa durante los primeros días después de la tragedia.

“Pero luego del duro golpe, decidí dos cosas: no vamos a tener miedo de nada y ciertamente no queremos una guerra que mate a más personas”.

Fue entonces que la mujer estableció el Al Filipov Peace and Justice Forum, en memoria de su esposo. Luego se unió a la organización September Eleventh Families for Peacefull Tomorrows, que promueve la no violencia.

“Se convirtieron en los mejores amigos que nunca conocí”, dijo después de que estableció el contacto. “Puede seguir por la vida, molesta y vengativa, o puedes seguir haciendo cosas buenas. Escogí la última”.

Diez años después Filipov quiere que la gente la conozca como otra viuda normal.

“Cuando pierdes a tus seres queridos, el dolor es el mismo, no importa quién haya sido o cuándo. La única diferencia fue que en nuestro caso fue un hecho público. No quiero ser una víctima”.

Abigail Carter entiende lo que ocurre. Ha dedicado los últimos años convenciendo a las personas de que ya está en paz a pesar de la pérdida de su esposo.

“Cuando tienes una pérdida de esta naturaleza, parece que despiertas. Pierdes el miedo a la muerte”, dice la viuda de 45 años de edad.

“TIenes una nueva apreciación de la vida”, aseguró.

Arron Dack, esposo de Carter, estaba asistiendo a una conferencia en el WTC ese 11 de septiembre. Llamó a su esposa luego de que el avión se estrellara contra la primera torre.

 “Dijo que había explotado una bomba”, comentó Carter, quien vivía en New Jersey para ese momento. Dack, quien se encontraba en el piso 105, le pidió que llamara al 911, lo cual hizo inmediatamente. Minutos después, un oficial le dijo que un avión había golpeado el edificio.

“Entonces prendí la TV justo en el momento en el segundo avión se estrelló contra la otra torre. Fue todo muy dramático”.

Carter recuerda que inicialmente entró en una especie de calma, pero que de pronto se sintió aturdida.

“Fue como ver mi vida a través de un par de lentes de natación”, dijo, describiendo que su mundo en ese momento no tuvo color.

Luego de ocho meses, el aturdimiento de Carter fue remplazado con un pánico que acompañó la llegada del verano, un período que le traería recuerdos de su esposo vivo. Aún lucha con el pánico, aunque ya está mucho más avanzada en el proceso de adaptación.

“Tratas de mantenerte ocupada así que no piensas que ya no está aquí”, indicó. “Tengo que trabajar duro, incluso hoy, para mantenerme tranquila”.

Carter ahora vive en Seattle con sus dos hijos. Renunció a su trabajo luego de que su esposo murió porque no podía concentrarse. Comenzó a escribir. Publicó un libro titulado “The Alchemy of Loss” y ahora es una bloguera activa.

“Ninguno de nosotros quiere cerrar el capítulo. Se convierte en parte de nosotros. Nos hemos demostrado lo fuertes que somos”.

Ellen Judd, quien perdió a su compañera Christine Egan, está de acuerdo.

“Es algo que nunca está completo”, dijo refiriéndose al proceso de la pérdida. “Aún está presente. Creo que era una buena persona y que sería genial tenerla presente en nuestras vidas”.

Egan estaba visitando a su hermano en el WTC cuando los aviones se estrellaron. Ambos murieron.

“Es una gran pérdida. Perdió su vida y nosotros perdimos todo lo que daba a la gente a su alrededor”.

Por su parte, Hans Gerhardt, quien perdió a su hijo Ralph, continúa luchando con la realidad.

El joven de 34 años se encontraba en el piso 105 de la torre norte y llamó a sus padres luego de que el primer avión se estrellara. Les dijo que estaba bien, que los amaba y que llamará más tarde. Esa llamada nunca ocurrió y sus restos nunca fueron encontrados.

“Todavía duele. Sin duda. Nunca lo olvidaré”, dijo Gerhardt, un trabajador retirado que vive en Toronto.

Los recuerdos no solo vienen de los medios de comunicación o las conmemoraciones. Los padres del joven todavía guardan sus muebles en su oficina, un viejo mensaje como protector de pantalla y sillas vacías.

Kimmy Chedel es también de los afectadas que trata de pensar positivo.

La québécoise de 47 años de edad, perdió a su esposo en los ataques, justo cuando su pequeño hijo tenía apenas 2 años. Frank Joseph Doyle se encontraba en el piso 89 del WTC cuando ocurrieron los atentados.  Chedel recuerda bien la conversación que tuvieron.

“Me dijo: ‘tienes que prometerme que cada día, por el resto de nuestras vida, le dirán a Zoe y Garret como los amo”. No me di cuenta de que se estaba despidiendo. Era tan valiente y tan fuerte”.

Chedel vivía en ese momento en New Jersey, pero volvió a Canadá luego del 11-S. Formó el “Team Frank” en honor a su esposo, y se reúnen todos los años para correr en una competencia de New Jersey, pues Doyle compitió en un triatlón en Quebec antes de su muerte. El grupo cuenta ahora con 150 personas y sus miembros participan en varios eventos alrededor del globo.

“Mi meta, año tras año, es pensar positivo. Le digo siempre a los niños ‘papi hubiera querido que nos mantuviéramos hacia adelante”.

Fuente: The Huffington Post