lunes, 11 de julio de 2011

Canadá otorga visa a intérprete afgano que arriesgó su vida en combate

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Canadá
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La historia de Sayed Shah Sharifi, un joven afgano que puso en peligro su vida trabajando con las tropas canadienses en Kandahar y que recibió el regalo que siempre quiso: una visa para mudarse a Canadá.

Publicado en The Star:


Canadá finalmente mantuvo la promesa hecha a un valiente intérprete afgano que trabajó de lado de las tropas canadienses en Kandahar.

Días después de haber manifestado al diario Sunday Star sus miedos de ser abandonado por las tropas canadienses, Sayed Shah Sharifi recibió la información que podrá tener su visa para inmigrar a Canadá.

Shah, de 23 años, estaba sentado al frente de su casa en Kandahar con su hermano y dos primos el sábado pasado cuando su teléfono sonó. Un mensaje que no sólo cambiaría su vida, sino también pudo haberla salvado.

El mensaje le decía que llamara a un oficial de la Organización Internacional de Migración, una agencia intergubernamental que ayuda a afganos en peligro a venir a Canadá.

Cuando Sharifi supo que su visa había sido aprobada la alegría y alivio fue rápidamente opacada por el miedo. Tenía que ir a la oficina de la OIM en Kandahar, donde tropas del Talibán están a la caza de cualquier sospechoso que tenga vínculos con extranjeros o el Gobierno Afgano.

Su hermano y primos revisaron la calle afuera de la casa de Sharifi en busca de cualquier persona sospechosa que pudiera estar esperando para atacar. Luego de unos 90 minutos emprendieron el camino en taxi hacia la oficina de IOM, preocupado que en el día más feliz de su vida alguien pudiera matarlo.

Cuando finalmente dio el último paso del trayecto tuvo un momento para celebrar.

“Estabamos riéndonos y sonriendo. Estabamos muy felices”, dijo vía telefónica. “Me dijeron: ‘cuando salgas de Afganistán nos sentiremos felices, porque siempre tenemos que estar contigo, cuidando tu espalda. Cuando estés en Canadá nos sentiremos seguros y libres”, agregó Sharifi en relación a su familia.

En septiembre de 2009, el ministro de Inmigración, Jason Kenney, anunció un programa de visas especiales para afganos “que enfrenten riesgos excepcionales o que hayan sufrido serias heridas como consecuencia de su trabajo con el gobierno canadiense ligado a la provincia de Kandahar”.

El programa buscaba traer “a varios cientos” de afganos a Canadá con un tiempo de espera de seis meses a un año. Pero cuando The Star contactó al departamento de inmigración en junio para chequear el progreso, sólo 60 afganos, incluyendo sus esposas y familiares cercanos, habían recibido sus visas.

Más de 475 afganos han solicitado visas. Sharifi aplicó hace un año y era uno de los 130 cuyas aplicaciones estaban “todavía en proceso”.

Luego de los reportes de The Star, el ministro Kenney admitió que el programa había sido dañado por retrasos burocráticos, los cuales achacaba en su mayoría a los problemas de seguridad en Kandahar.

Kenney prometió acelerar los procesos. Dice que cerca de 550 intérpretes afganos y sus familias llegarían a Canadá para finales de año.

Sharifi, quien sirvió a las tropas canadienses en las zonas más peligrosas controladas por el Talibán, recibió el apoyo de un médico de las fuerzas militares canadienses, Philip Hunter, quien describió a Sharifi como un brillante y valiente amigo.

Hunter, quien ahora entrena en Ottawa para convertirse en paramédico, dijo que Sharifi no sólo merece una visa canadiense, sino que también mostró el coraje suficiente para ganarse una medalla si fuera soldado.

Sharifi tendrá una entrevista final en aproximadamente dos semanas, aún así no sabe cuándo tendrá la visa estampada en su pasaporte y estará abordando un avión rumbo a su nuevo hogar.

El hombre tiene también una esposa, quien puede beneficiarse del programa especial de inmigración. Pero como ninguno de sus hermanos tiene esposa y sus hermanas están casadas y viven lejos, su esposa se encarga de los padres de Sharifi y su extensa familia.

“Ella me dijo ‘si me quedo y tú te vas a Canadá, luego que alguno de tus hermanos se case puedes pedirme para que vaya a Canada contigo’”, relató el futuro residente canadiense.

“Pero le dije: ‘si quieres venir conmigo, seré feliz. Si no quieres ir, es tu decisión. No quiero presionarte. Tienes el derecho de hacer lo que tú quieras’”, admitió Sharifi.

Su esposa prometió dar una respuesta en un par de días.

Sharifi ha escuchado mucho sobre el país que pronto llamará hogar y sabe que vive mucha gente buena. Los soldados le han contado mucho sobre su belleza. Pero en su mente destacan dos ciudades para establecerse: Toronto y Ottawa.

Sharifi cree que son los mejores lugares para conseguir un trabajo y tener la educación que sabe necesaria para sacar el mejor provecho posible a la oportunidad que la vida le ha dado.

Todo el mundo sabe que Kandahar es uno de los lugares más peligrosos. Todos esas personas que han aplicado desde allí tienen el mismo problema que yo”.

Artículo publicado en The Star. Traducido al español por la redacción de NoticiasMontreal.com