lunes, 27 de junio de 2011

China voltea su mirada a los campos petroleros canadienses

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Canadá
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No sólo Estados Unidos ve en los campos de petróleo extra pesado de Alberta un importante pilar para sus futuras necesidades de energía. Lo mismo hace China, país que registra un creciente apetito por el crudo y que, muchos estiman, algún día superará la demanda de la primera potencia del mundo.

El país asiático está listo para poner en esos campos parte de su dinero.

Los espacios petroleros de la provincia canadiense son tan grandes que podrían satisfacer la demanda de los dos países con las economías más importantes del mundo, incluso con sus producciones aumentando en los próximos años. Pero eso significaría construir, al menos, dos oleoductos; uno al sur de la costa del Golfo de Texas y otro a través del Pacífico. Las batallas ambientales estarían a la orden del día considerando que este método de extraer petróleo implica altos costos y un alto consumo de energía.

Muchos creen que ambas estructuras serán construidas eventualmente. Pero si Estados Unidos no aprueba el oleoducto pronto, Canadá volteará su mirada a China, pensando que América no quiere un gran “pedazo” de lo que los ambientalistas llaman “petróleo sucio”, el cual aumenta las emisiones de gas de efecto invernadero.

Alberta se ubica en el puesto número tres en cuanto a las reservas de petróleo, lo que representa más de 170 millardos de barriles. La producción diaria asciende a 1,5 millones de barriles y el país espera incrementarla a 3,7 millones para el año 2025. En cuenta definitiva, la región canadiense tiene más petróleo que Rusia o Irán y sólo es superada por Arabia Saudita y Venezuela.

Pero la provincia es, también, uno de los pocos lugares en los que las compañías petroleras pueden invertir, pues la mayoría de las reservas de crudo del mundo está controlada por los gobiernos nacionales. Sólo 22% del total de reservas están accesibles al sector privado, de los cuales, 52% están en el extra pesado de Alberta, según la Asociación Canadiense de Productores de Petróleo.

El Primer Ministro canadiense, Stephen Harper, es un “hombre de petróleo” que ha sugerido, hasta ahora, su aprobación para la construcción del oleoducto. Sin embargo, los críticos rechazan todo el concepto de la extracción de crudo de campos arenosos, pues insisten en que el proceso requiere altos niveles de energía y de agua, lo que incrementa la emisiones de gas con efecto invernadero, que amenazan los ríos y los bosques. 

El oleoducto también puede afectar los sistemas de agua potable y los ecosistemas, según advirtió la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU., a través de una carta que envió este mes al Departamento de Estado.

Cabe recordar que la primera economía del mundo importa la mitad del crudo que consume. Su mayor  proveedor es Canadá, con 23,3%, seguido por Venezuela con 10,7%. El más grande de Oriente Medio es Arabia Saudita, con 10,4%.

El mayor mercado para el crudo canadiense es EE. UU. Pero con todas las objeciones que encierra el hecho de que sea petróleo extra pesado, más la construcción del oleoducto y, con la demanda asiática en crecimiento, Canadá no descarta diversificar sus compradores y China parece ser el indicado.

Sinopec, una compañía controlada por el Gobierno chino, tiene una inversión valorada en 5,5 millardos de dólares, en el proyecto de Enbridge (una compañía con base en Alberta) para construir el Northern Gateway Pipeline, desde la provincia hasta British Columbia, a través del Pacífico.

El ministro de Finanzas de la región, Lloyd Snelgrove mantuvo reuniones este mes tanto con Sinopec como CNOOC, otra de las grandes petroleras asiáticas. “Ellos están aquí y están diciendo ‘si necesitas dinero, nosotros lo tenemos. Si necesitan experiencia, también la teneos. Lo que necesiten lo tenemos’”.

Fuente: The Huffington Post