lunes, 25 de junio de 2012

Óscar Ramírez, arquitecto: “un inmigrante tiene que hacer un poco más que el promedio. El esfuerzo tiene que ser mayor”

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Crónicas de Inmigrantes
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Oscar Ramirez Arquitecto Montreal

Óscar Ramírez tenía 18 años cuando vino por primera vez a Montreal. Corría el año 1979 y su único objetivo era pasar un año aprendiendo inglés en la ciudad que había acaparado titulares en todo el mundo gracias a los juegos olímpicos. “Llegué en noviembre, sin miedo al invierno y empecé a estudiar en Concordia”.

Pasaron casi las cuatro estaciones y el joven que tenía ya en mente convertirse en arquitecto se regresó a su Guatemala natal, donde se da cuenta de que, debido a su personalidad aventurera y a su independencia, regresar a casa -con papá y mamá- no era tan fácil. Había dejado en Montreal a sus amigos y a una amiga muy especial (sí, que luego se convirtió en la madre de sus dos hijos) y sentía que debía hacer algo más.

Aunque entró en la facultad de arquitectura -tal y como lo deseaba-, dos años más tarde se fue tras aquella amiga a México, donde la québécoise se encontraba. Yucatán fue la ciudad en la que la invitación formal fue realizada: “¿por qué no te vas a vivir a Quebec?”. No hubo mucho qué pensar.

Pero tenía algo claro. “No me quería casar”. Reconoce que tuvo problemas en su primera etapa como inmigrante, pues debía justificar su permanencia en la ciudad ante agentes de inmigración que presumían que el joven quería solo estudiar y luego regresarse a Guatemala. “Decían que quería aprovecharme del sistema y no, yo no quería eso”, explica mientras sus ojos demuestran el amor que, desde temprano, tuvo por la bella Montreal.

“Fui entonces a hablar con la ministra de Inmigración federal. Una mujer muy grande que murió hace un par de años. En ese momento vivía en Ahuntsic. Conté con el apoyo del padre de mi novia. Él aseguró que se haría cargo de mí. Entonces todo se flexibilizó un poco. Permanecí como estudiante, pagué mis estudios, hice todo como debía”.

Recordemos que Óscar ya venía con dos años de arquitectura estudiados en Guatemala. Pero esas materías vistas en su país de poco sirvieron en términos de equivalencias y el joven no tuvo más opción sino regresar al cégep. “Yo quería ser arquitecto y en lugar de enojarme porque no me aceptaron en la universidad simplemente me dije: ‘quiero ser arquitecto’, entonces comprendí que haría todo lo posible para lograrlo”.

Cuenta que después de todos estos años, aún ve esa decisión como una de las más positivas de su vida. No solo porque fue el principio del camino que lo llevó a cumplir sus metas, sino porque fue precisamente en el cégep donde logró comprender cómo es Quebec, como funciona la provincia y la sociedad, proceso para el cual contó con la ayuda de compañeros y de los mismos profesores. “Tuve profesores grandiosos. De hecho, uno de ellos trabaja hoy día conmigo”.

Otro de los enseñantes que tuvo en el cégep (que ya falleció) fue el que lo impulsó a dar un paso más allá e intentar de nuevo ingresar a la universidad. Con el francés ya pulido y su talento, Ramírez tuvo la fortaleza de hacer su portafolio y solicitar nuevamente el ingreso. “No me aceptaron. Me dijeron que estaba en lista de espera”.

Es en esta etapa que ocurre una de las escenas más conmovedoras de la vida de este arquitecto, la cual, reconoce como “uno de los mejores momentos de mi vida”. Tenía entonces 22 años.

“Estaba en lista de espera, pero decidí irme a la universidad. Me senté frente a la oficina del responsable de admisión. Me quedé allí sentando desde la mañana hasta la noche. El conserje de la instalación me vio pasar allí toda la tarde y en un momento me dijo: ‘creo que él no va a venir’, entonces le pedí que por favor me abriera la puerta para dejarle mi portafolio. Así lo hizo. Dejé mi expediente sobre su escritorio y me fui”.

Óscar pasó la noche pensando qué ocurriría con su expediente, angustia que solo pudo ser reducida cuando temprano, a la mañana siguiente, llamó a la misma oficina donde había permanecido horas esperando por alguien que nunca llegó: “Ese día sí estaba (el responsable de admisión). Le conté mi caso y que estaba en lista de espera. Le dije que estaba muy interesado y que solo quería que me atendiera para explicarle mi caso. Su respuesta fue: ‘no es necesario. Usted ya está aceptado”.  

La perseverancia y el empuje de Ramírez lo llevaron, dos semanas más tarde, a su primera clase en la facultad de arquitectura de la Universidad de Montreal (UdeM).

 “Me aceptaron como un caso especial, no como a todos los estudiantes. Siempre he estado como en un caso especial. Vine aquí como inmigrante como caso especial. Así pasé la universidad. Puede ser el destino o las estrellas que se encaminaron para ello”, dice sonriendo.

El inicio de Cardin y Ramírez

Ese mismo primer día de clases, Óscar comenzó una amistad/sociedad  que permanece 30 años después. Con un gesto tan simple como “quieres hacer este trabajo conmigo”, el joven conoció a Pierre Cardin, socio y amigo de siempre con el que hoy comparte oficinas en Cardin, Ramirez, Julien, esa firma de arquitectos que también ha acaparado titulares en los medios locales gracias al desarrollo del proyecto del Nuevo Planetario de Montreal.

Nuevo planetario de Montreal

“Comenzamos a trabajar juntos, a hacer proyectos juntos. No teníamos mucho dinero pero queríamos trabajar. Logramos hacer contactos y a hacer planos de casa durante los fines de semana. La universidad nos exigía demasiado”, narra.

Entre planes, planos y tareas, trabajando por aquí y por allá, los socios y amigos logran un primer gran proyecto: ¡1 millón de dólares! para una obra cerca de Mont Tremblant. Corrían entonces los noventa, década de economía débil para Montreal y para Canadá en general. “Estábamos abajo, pero comenzamos a subir. Logramos tener más contactos y entonces tuvimos que contratar a una persona a tiempo parcial para que nos ayudara. Trabajábamos en el sótano de la casa de Pierre”.

Pero no todo era la arquitectura. Óscar pasaba sus días como estudiante siendo conserje del edificio de Ahuntsic donde vivía, propiedad de su suegro, con quien había llegado a dicho acuerdo para poder costear sus gastos. En el mismo lugar funcionaba también una clínica. Años después, se convirtió él en el dueño del inmueble.

 “Mi padre me mandaba poco dinero porque él pensaba que en cualquier momento me regresaría. De hecho todavía piensa eso, después de 30 años” (risas).

La compra de ese edificio fue la primera de una serie de inversiones que marcaron -y siguen marcando- el crecimiento profesional y la evolución de este arquitecto y su empresa: “Después compramos otra casa, después otro edificio y después el actual”, donde se encuentran las oficinas de Cardin, Ramirez, Julien, en pleno bulevar Saint-Laurent. 

Durante estos años de proyectos, la firma ha estado encargada de materializar planes como la estructura de l’Association de la construction du Québec et du groupe Qualité Habitation (Anjou),  el Centre Communautaire Intergénérationnel pour l’arrondissement d’Outremont y la reestructuración de la  Maison du Citoyen, Place de la Culture (Boisbriand), entre muchos otros.

“Seguimos evolucionando. Si me preguntan cuál ha sido mi mejor proyecto puedo decirles que es el que vendrá. La evolución del mundo de los negocios es diferente hoy en comparación con hace 20 años. La globalización nos indica que tenemos que hacer las cosas diferentes. Antes éramos Cardin, Ramirez arquitectos. Hoy nos quitamos el apellido ‘arquitectos’ pues queremos hacer una oferta más global”, explica.

En su mente está la idea de que su empresa evolucione de tal manera que su nombre sea reconocido como una marca. “Un grupo que permanezca más allá de nosotros. Queremos ser una marca más que un nombre. Establecer una identidad.”, agrega.

Ramírez se confiesa hoy día, a sus 52 años, como un montrealés ciudadano del mundo. Esa condición lo hace ver sus sueños más allá de las fronteras canadienses. De hecho, sueña con tener una oficina en Moscú.  Sus hijos (una de 22 años y uno de 19 años) heredaron ese gusto por la ciudadanía global. Ambos también siguieron la corriente de las carreras humanitarias, pues la mayor seguirá los pasos de arquitecto, mientras que al menor le apasiona el mundo de la dirección y la producción cinematográfica.

Por ahora, dice, continuará trabajando para seguir viendo sus planes materializarse. Por ahora, seguirá colaborando con un sinfín de actividades que realiza en paralelo con su trabajo, en sectores comunitarios, de emprendedores y de la sociedad en general. Por ahora, seguirá estudiando (está en clases de ruso para sumar una quinta lengua a los idiomas que domina).

Como bien dijo: “si me pregunta cuál ha sido mi mejor proyecto diré que es el que está por venir”.

Inmigrar e integrarse… en frases:Oscar Ramirez Arquitecto Montreal

-“Estudiar. Hacer cursos es una buena manera de comenzar a integrarse a esta sociedad”.

-“Si aceptamos dejar el país para venir aquí tenemos que pensar que las cosas aquí se hacen diferente y adaptarnos a eso. Trate entonces de funcionar como lo hace la gente aquí y no como en su país de origen”.

-“Aquí en Quebec hay mucha información para los inmigrantes. Muchos dicen que está muy esparcida, pero that’s the game. Hay que buscar y buscar. Si es arquitecto lo primero que tiene que hacer es ir a la asociación de arquitectos y allí le van a decir qué tiene que hacer. Igual si es médico, etc”.

-“Yo tuve que pasar casi 10 años de estudio para lograr mi meta de ser arquitecto. Cuesta, pero sí se puede”.

-“Hay que tener paciencia. Preguntar, preguntar y preguntar. Buscar y buscar”.

“Un inmigrante tiene que hacer un poco más que el promedio. El esfuerzo tiene que ser mayor”.

-“Nosotros, los latinos, tenemos miedo al gobierno. Hay que cambiar esa impresión”.

-“Aún no puedo decir cuál es el mejor y el más grande proyecto que he hecho, porque es el que viene”.

-“Es importante salir, darle la mano a la gente”,

-“Sí,  tengo un acento y no me importa. De hecho, el acento me ayuda mucho en el negocio. Entre cinco arquitectos van a decir ‘oye, uno tenía un acento’ y así se van a acordar de mí”.

-“Mi puerto es Montreal”.

@GAbAguzzi  – gaguzzi@noticiasmontreal.com

Fotos: María Gabriela Aguzzi – Noticias Montreal / Nuevo Planetario de Montreal: Cardin, Ramirez, Julien