jueves, 17 de noviembre de 2011

El dilema de elegir el menos malo entre los malos

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Entre Fronteras
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Cómo es posible que los peruanos otra vez se encuentren en el dilema de elegir a su Presidente, entre el menos malo de los malos. Qué clase de juego tratan de jugar, a la ruleta rusa, al harakiri o es que ya no tienen el menor espíritu por su futuro.

Creo que el problema, en el fondo, es el mismo de siempre. El facilismo, la falta de compromiso, la falta de compromiso con ellos mismos. El creer que alguien los salvará, que ellos no tienen que hacer ningún sacrificio, que todas la soluciones a sus problemas vendrán de arriba, del Poder. Que el Poder les resolverá todo, sin poner nada de su parte.
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A causa de este cuento, han pasado por Palacio de Pizarro una serie de personajes (guardando las raras excepciones), investidos de poderes casi divinos, justicieros, que las únicas riquezas que han repartidos han sido para ellos mismos y su circulo de amigos.

Desde que yo tengo uso de razón he visto pasar gobiernos de toda naturaleza, de derecha a izquierda y todas las variedades intermedias. He visto pasar dictadores y demócratas de pacotilla que cambian la Constitución como se cambian la ropa o que la enmiendan como si se tratara de su cuaderno de clases, haciéndoles creer a la gente que aquí esta el problema, cuando la única razón es ganar más privilegios para ellos y perpetuarse en el poder.

La verdad es que no hay tal solución mágica, que el Poder no les va a resolver todos sus problemas sin que hagan nada de su parte o que el Poder les va a repartir las riquezas confiscadas a otros para dárselos a ustedes y si alguna vez esto ha sucedido, no ha durado, se vuelve otra vez atrás y si esta posibilidad fuera posible, aún cuando no es correcta, la riqueza no va alcanzar para todos y muchos menos para solucionarles los problemas para siempre.

Cuantos peruanos figuran en la lista de los más ricos del mundo. Ninguno. Aunque podrían figurar los Brescia, los Romero y los Roque Benavides… pero son fortunas familiares, no individuales. A pesar de esto, lo que más falta en Perú es justamente la riqueza. Pero no la riqueza en bruto, la riqueza potencial, como la del cuento que el Perú es un pobre sentado en un asiento de oro. Eso es cierto. Pero, todo el mundo tiene riquezas. Unos tienen petróleo, otros tienen oro, otros tienen piedras preciosas, etc. El problema es que esta riqueza hay que explotarla, hacerla realidad, extraerla, transformarla, producirla. La riqueza es crear. Crear productos y servicios, no una sola vez, sino todos los días y cada vez más y más, en un proceso interminable, porque cada vez somos más y porque todos los días tenemos necesidades que satisfacer.

Pero lograr esto es trabajo, es inversión, es inteligencia, es tecnología, es educación, es participación. Es desarrollo, saltar el charco, dar el gran paso. Y todos tenemos un papel que desempeñar en esta tarea, el Estado, los dueños de capitales, los obreros, las amas de casa, los estudiantes, etc. etc. Cada uno haciendo lo suyo, lo mejor. No hay elegidos, no hay cúpulas, ni privilegiados El desarrollo es un asunto de unidad nacional. La distribución viene por si sola, a través de la participación de cada quien en el proceso creativo y a través de la intervención del Estado, como agente activo para garantizar que todos reciban una parte de ese producto. Como ven esto es solo posible cuando hay algo para repartir, de lo contrario solo repartiremos miseria.

Pero por lo visto, esto no va ha suceder en el caso peruano. Veo un pueblo muy lejos de llegar a ello, mientras sigan creyendo el cuento que les han contado que matar la gallina de los huevos de oro, es la solución.

Estamos a años luz del desarrollo si pensamos que nuestros problemas son culpa de los otros. Si pensamos que la solución es embarrarnos las manos enfrentándonos los unos contra los otros. Estamos a años luz del desarrollo en tanto nos encontremos en situaciones como las de ahora: elegir a nuestro Presidente entre el menos malo de los malos.

Por el contrario, estaremos más cerca del desarrollo el día que elijamos a nuestros gobernantes entre los mejores de los mejores.