Jueves, 17 de Noviembre de 2011

El día que Jean Charest supo que había muerto

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Entre Fronteras
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La mañana del 16 de agosto, muy temprano, se encontraba el Primer Ministro de Quebec, Jean Charest, en su casa. Como político moderno que es, consciente de los peligros de una vida sedentaria, realiza regularmente ejercicios matinales para mantenerse en forma. Se encontraba, precisamente, en estos menesteres gimnásticos, cuando se enteró que había muerto.

La primera plana del sitio Internet del prestigioso periódico québécois Le Devoiranunciaba ese día  la triste noticia. Jean Charest muere de una crisis cardíaca.

Charest, atónito, se detuvo para palparse. De repente a esa hora de la mañana, todavía podría estar dormido. Quizá está viviendo una pesadilla. Quizá está muerto realmente y su alma aún está haciendo su recorrido final. ¿Cómo distinguir, bajo esas circunstancias, la realidad de la irrealidad y de qué lado se encuentra exactamente?

Horrorizado corrió a mirarse al espejo y se encontró con él mismo. Allí estaba todavía. Pero ¿era una imagen cierta? La duda persistía. Hacía muecas, se reía, saltaba, hacía ruidos… emm emm emm, bla bla bla.. Todo parecía normal. Pero la duda persistía. Tuvo que recurrir al consabido pellizcón (¡aaay!) para comprobar que estaba vivo.

Finalmente, el alma terminó por venírsele al cuerpo, cuando la gente de Le Devoir, lo llamó para explicarle y disculparse que todo había sido obra de unos piratas informáticos.

En efecto, durante la madrugada, unos hackers entraron subrepticiamente en el sitio y no se les ocurrió mejor idea que poner una noticia anunciando la muerte del Primer Ministro. No contentos con ello, se apoderaron del sitio, bloqueando la entrada a cualquier miembro del periódico. El personal de LeDevoir tuvo que batallar casi dos horas para retomar el control del mismo, tal como lo comentó Josée Boileau, su editora en jefe.

II

Ahora bien, el que se anuncie la muerte de alguien importante sin confirmación, en esta era de Internet y de las redes sociales, no es raro, debido a que las fuentes informativas ya no son necesariamente las oficiales, sino las oficiosas. Basta que alguien se encuentre en el lugar de los hechos, a la hora y en el momento indicado y zas un “Tweetazo”, un mensaje de texto Blackberry y todo el mundo lo sabe en un dos por tres. Después viene la etapa de la confirmación o del desmentido correspondiente.

Por ejemplo, la muerte de Bin Laden estuvo rondando las redes sociales mucho antes que ningún periódico lo publicara o que la Casa Blanca lo confirmara. Y la noticia provino no de Washington, sino de alguien cercana a la vivienda allanada donde se encontraba el terrorista.

A Steve Jobs, presidente de Apple, lo han declarado muerto en algunos medios informativos de la Web, por lo menos dos veces. Como Jobs sufre de cáncer la gente lo ve muerto a cada rato. Será por ellos que ahora, aunque está de permiso médico, con mucha frecuencia aparece en eventos importantes de la empresa, como para decir ¡aquí estoy! Además, cada vez que se agrava o peor aún, cada vez que se anuncia su muerte, el biorritmo de las acciones de Apple son las que más se alteran.

Más recientemente, el día que Hugo Chávez, presidente de Venezuela, fue sometido a su ya conocida operación de urgencia en Cuba, hubo movimientos raros en los ámbitos próximos a su persona, que hicieron sonar la alarma. Un avión salió presuroso de Venezuela, rumbo a Cuba, en el más absoluto secreto, transportando a su exesposa y sus hijas, para reunirse con el líder. Era evidente que algo grave pasaba.

Como suele suceder en todo régimen comunista la información es un secreto de Estado. Nadie suelta prenda, nadie sabe nada. Es más, son pocos los que saben la verdad verdadera. La verdad es un privilegio destinado a la cúpula de la cúpula del poder. La información, además, es manejada con criterios de conveniencias políticas. Por ejemplo, en los países comunistas, cuando un líder muere, el anuncio de su muerte se hace varios días o semanas después. En cambio en los países capitalistas puede ocurrir que la noticia aparece primero y después ocurre la muerte. Esta es una prueba más de lo adelantado que es el capitalismo, con respecto al comunismo.

Pues bien, prosiguiendo, aquel día en que Chávez se encontraba en el quirófano, en las redes sociales se empezaron a tejer diversos y contradictorios escenarios. De repente, un tuit proveniente de Argentina anunciaba que Chávez había muerto. Como todo medio informativo aspiramos siempre a dar tubazos y éste era un verdadero tubazo. Cómo saber si la fuente era confiable. Empezamos hacer nuestras propias búsquedas de información, tratando de ganar tiempo, para ver si otra fuente más de nuestra confianza decía algo al respecto. Tratamos de escudriñar las fuentes oficiales de Venezuela, para leer entre líneas, pero nada, silencio absoluto. 

Finalmente, el tiempo fue dando razón a nuestra prudencia y no caímos en ser nosotros mismos nuestros propios hackers y salir al aire con un titular falso como pasó con el titular de Le Devoir.Pero, la tentación siempre estará allí, el peligro existe, porque la línea que separa hoy la información de la desinformación es muy delgada.

Hasta la próxima.

Foto: .radio-canada.ca