Jueves, 17 de Noviembre de 2011

A la memoria de Jack Layton

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Entre Fronteras
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Jack Layton era un hombre bueno, al menos esa era la imagen que siempre me dio. No lo conocí personalmente, pero lo estimaba tanto como si lo hubiera conocido. O tal vez lo estimaba tanto porque nunca lo conocí. De todas maneras, si este fuera el caso, no le resta nada a la calidad de persona que siempre me inspiró. A Layton lo veía más que a mi propia familia. Tengo familia a la cual no veo hace muchos años, en cambio Layton siempre estaba allí, trabajando, trabajando fuerte, como era su decir. Y más aun, nos invitaba a trabajar con él. On va travailler ensemble, decía a menudo en su francés anglófono.

Jack Layton era un hombre bueno y por eso se fue, así lo sentencia la creencia popular. Los que no somos tan buenos quedamos más tiempo y ni hablar de los malos, que ellos nunca mueren, porque como dice el adagio: yerba mala nunca muere. Lo ocurrido a Jack, da que pensar ¿verdad? Y si uno mira a su entorno, probablemente encontrará razones para reforzar la susodicha máxima, dejando de lado el hecho que no hay muerto malo.

Reconozco que no todos tienen la misma opinión que yo, en cuanto que Layton era un hombre bueno. Pero esto no hace más que corroborar la regla. Cómo pensar que el bien vaya a tener la aprobación del mal y viceversa. Esto confirma también la condición humana del personaje, que es falible. Corrobora, asimismo, su condición de buen político. Sería muy sospechoso que un político agradara a todos por igual. Pero de allí al irrespeto, es otra cosa. En países como Canadá, donde hay un respeto a las leyes, a sus instituciones y a su tradición, no tienen cabida el irrespeto a las personas que lo representan o lo han representado. En aquellos países donde reina la barbarie, tal vez, podríamos no distinguir el bien del mal, porque todo podría ser relativo. Pero no en Canadá.

Digo esto, porque hay un pequeño grupo, que se ha dado en criticar y presionar por el hecho que a Jack Layton se le haya rendido honores de Estado. Y como siempre recurren al viejo cuento de “mis impuestos”, los cuales “no pueden ser utilizados para tal fin y…bla…bala…bla…” ¿Cómo saben ellos que son sus impuestos? ¿Qué hay de los míos?, porque yo sí estoy de acuerdo con este ceremonial. Las tradiciones no son malas por el hecho de ser viejas, si no, cómo podemos tener una cultura, sin tradición, sin formas, sin imágenes, sin valores. El fomento de valores, el honrar a nuestros prohombres, el tener insignias, el seguir ejemplos, nos elevan no solamente como sociedad, sino como seres humanos, nos hacen avanzar, evolucionar.

Pero bueno, volviendo a  Jack Layton, no puedo evitar preguntarme, cómo un hombre puede, literalmente, desintegrase en apenas un mes. Lo vimos en excelente forma durante su magistral campaña política, que llevó a su partido por primera vez a ser la segunda fuerza política del país. De repente, un día, aparece terriblemente demacrado, enflaquecido, con la voz apagada, anunciando su retiro temporal. Esa imagen me impactó, no me pareció justa, ni digna de un ser humano. No era difícil imaginar que Layton se encontraba en ese momento a las puertas de su final. Pero Layton como siempre muy positivo, pensaba que podría dar batalla a la enfermedad y vencerla. Pero no, el cáncer, cuando se la emprende arremete con una fuerza, sin piedad.

Esto me da pie, para decir que la verdadera pandemia, del siglo XXI la tenemos aquí, haciendo estragos en los seres humanos. Es el cáncer la verdadera pandemia, no la gripe aviaria y la del código postal, la H1N1. Estas dos pandemias juntas no han ocasionado tantas muertes como las que viene ocasionando el cáncer. Si el mundo entero fue capaz de movilizarse de manera urgente (la Organización Mundial de la Salud, los gobiernos de todo el mundo), para lograr en poco tiempo inventar el antídoto necesario para dicha epidemia, por qué no hacer lo mismo con esta otra. ¿Que no hay dinero? Siempre lo hay y siempre lo habrá. Lo que falta es la Voluntad, este es el recurso más escaso. Basta de andar recogiendo sencillito en cada esquina para tal o cual fundación, que más se gasta en la organización de los mismos. Basta de bombardearnos con esas horribles cuñas publicitarias que nos dicen del mal que vamos a morir y la tumba a donde vamos a ir a dar. Basta de esas ideas absurdas de que el efecto shock nos va hacer reaccionar. ¿Para qué? ¿Adónde vamos a ir? Estas cuñas no hacen otra cosa que llenarnos de miedo y de los peores sentimientos negativos. Basta de todo esto. Concentrémonos en lo esencial. Abordemos el tema como la verdadera pandemia que es esta enfermedad.

Me parece que esta es otra excelente manera de rendirle homenaje a nuestro buen Jack Layton.

Descansa en paz.