jueves, 17 de noviembre de 2011

La enfermedad del Presidente

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Entre Fronteras
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Fíjense lo que pasa.

Soy de la opinión que el Presidente  no tiene, o no ha tenido, cáncer. Pero cuando digo esto, inmediatamente otros me caen encima y me dicen:

Pero ¿cómo? ¿Tú estás loco…? No ves al hombre, todo hinchado… ¿cómo crees que no está enfermo?

Enfermo puede estar, pero no tiene cáncer, respondo.

Otro interviene y dice: Pero el médico Navarrete dijo que sí tiene cáncer y que además le quedaban 2 años de vida.

Otro agrega, ¿será por eso que tuvo que salir corriendo del país? (¿?)… el médico.

Vuelvo a la carga. Un hombre que está con cáncer y que recibe quimioterapia, no hace toda la actividad que él hace, derrochando energía a diestra y siniestra.

Pero acuérdense –agrega otro- el diplomático, Arturo Valenzuela, aseguró que de fuentes confiables se enteró que el Presidente sufría de uno de los cánceres más agresivos y también dijo que le quedaban máximo 2 años.

Alguien interviene y dice, es verdad, pero Valenzuela es alguien que no le tiene buena al Presidente, por tanto se puede dudar de sus declaraciones.

Alguien que comparte mi opinión me apoya y dice. Si tuviera la enfermedad, ¿por qué esta pensando en presentarse a nuevas elecciones? Si se postula es porque tiene la seguridad de que está bien.

Bueno,… sí,… es verdad –vuelve a tomar la palabra otro. Lo que pasa es que él tuvo la enfermedad, pero ahora ya no la tiene, ya está curado.

Umm… ¿Así de rápido?… Es muy extraño ¿no te parece?…

Y así continúa la conversación, cordial a veces y polémicas otras. Y podría durar horas y horas, en una cháchara infinita.

Y ¿por qué pasa todo esto?

Esto pasa cuando la verdad verdadera no es dicha. Cuando la verdad es un rumor. Cuando la verdad es clandestina. Cuando la verdad es una opinión, un punto de vista. Cuando la verdad tiene el mismo estatus que la mentira. Cuando la verdad es perseguida.

Todos tienen razón y al mismo tiempo nadie tiene.

Esto pasa cuando la verdad, o mejor dicho, la verdad de la información, es un privilegio. Cuando la verdad de la información le pertenece a un ínfimo grupo. Cuando la verdad de la información es un instrumento político. Cuando la verdad de la información es utilizada para desinformar. Cuando la verdad de la información es utilizada para mantener el control.

En el país del Presidente enfermo o no enfermo, la gente se pasa la vida, año tras año, en esta polémica sin fin, resolviendo las charadas que el maestro del birlibirloque le impone. Así es con todos los temas. Y el maestro se divierte y su cohorte de magos lo celebra, regocijados porque el jefe se divierte.

La capacidad del maestro para inventar acertijos es infinita. Cada vez más complejos, más extraordinarios. En eso se la pasa, es su particular manera de gobernar.

Y el pueblo obediente se sumerge todos los días a resolver ese inmenso rompecabezas que es el país.

Un rompecabezas al cual le faltan piezas, pero ellos no lo saben… por ahora.