domingo, 21 de agosto de 2011

Google busca casarse con el mundo físico

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“Mueve bits, no átomos”.

Este ha sido el motto de la era de Internet, apuntado por Nicholas Negroponte y popularizado en su best seller de 1995 “Being Digital”. Negroponte, fundador del Media Lab del MIT, decía que la innovación y las fortunas aumentarían por hacer cosas originales con los elementos básicos de la computación –bits, cortos por dígitos binarios- en lugar de trabajar con los átomos del mundo físico.

Ninguna compañía ha seguido el consejo de forma tan pensada y lucrativa como Google. La gigante de Internet es la gran compañía digital y entre sus más preciados activos están sus algoritmos. Como Steven Levy escribió en su libro “In the Plex” el ADN de la empresa está “arraigado en la dominación de los algoritmos” y sus jóvenes líderes creen en “un futuro guiado por algoritmos benevolentes”.

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Ya Google anunció la semana pasada que pagaría 12,5 millardos de dólares por Motorola Mobility, una fabricante de teléfonos. Se trata de una gran apuesta y de un gran paso en el desastroso mundo físico de vender productos a la gente y, quizá, una señal de estos tiempos.

Incluso Google, dicen los analistas, reconoce que su prosperidad dependerá en dominar los átomos tan bien como los bits. Ese es entonces particularmente el caso, pues agrega el creciente mercado de búsqueda de publicidad en teléfonos y tabletas, donde el software y el hardware deben alinearse para que el consumidor tenga una experiencia placentera.

El futuro digital, parece, está en no apoderarse del mundo físico, sino en casarse con él. “Esta dicotomía de bits-átomos se está convirtiendo, cada vez más, en menos verdadera”, dijo Erik Brynjolfsson, director del Centro de Negocio Digital del MIT. “Y Google entiende que necesita un mayor conocimiento en el diseño de productos, así como el hardware para obtener el mayor valor de su negocio con bits, con la búsqueda y con la publicidad en las búsquedas”.

Google, para estar seguros, está comprando Motorola Mobility por más que su experiencia en fabricación de teléfonos. Motorola tiene más de 17.000 patentes y ese portafolio podrá ser un escudo formidable en contra de las demandas de incumplimiento de patentes. La industria ha estado colmada con demandas y contrademandas recientemente, mientras que el mercado de competencia se “derrama” en las cortes. Apple, Microsoft y Oracle, en casos diferentes, han acusado a Google –o a las compañías que usan Android, incluyendo Motorola- de infringir sus patentes. Es posible que estos derechos sean el premio por la negociación con Motorola y que Google venda la parte de los teléfonos en el futuro.

Pero en un gran escenario, Larry Page ha estado enfatizando que hay una oportunidad de negocio en el futuro. “Juntos”, escribió Page, “crearemos experiencias increíbles para los usuarios que cargaran el ecosistema Android entero”.

El sistema operativo ha tenido una gran popularidad entre las fabricantes de teléfonos y su mercado, en los nuevos dispositivos, está adelante del de Apple, pionera de los teléfonos inteligentes. Pero Google ha entregado la licencia de Android a 39 empresas fabricantes y el sistema es un software libre, lo que significa que las manufactureras pueden “voltearlo y adaptarlo”.

La apertura de Google tiene un costo: los teléfonos son muy distintos y algunos consumidores se quejan de que los dispositivos con Android son confusos a la hora de utilizarlos.

Así que Google está tomando prestado una página de su vecino de Silicon Valley: “en la producción de artículos tecnológicos, que cambia demasiado rápido, hay una gran venta en controlar tanto el hardware como el software. Ese es el genio de Apple”, asegura Thomas R. Eisenmann, un profesor de la Escuela de Negocios de Harvard.

Ahora, el proyecto con Motorola Mobility, dicen los expertos, promete educar a Google sobre los usuarios y sobre lo exigentes que pueden ser.

En cuanto a su negocio de publicidad en las búsquedas, Google enfrenta el largo brazo de los consumidores, en línea y a través del software. Los usuarios escriben en las búsquedas y contribuyen con información cruda que los inteligentes algoritmos de Google toman para producir resultados más satisfactorios y, con ellos, publicidades más precisas.

Sin duda, Google en una campeona en la eficiencia de la computación automatizada. Para la mayor parte, la fórmula beneficia a todos: a la gente que está buscando información, a las empresas colocando su publicidad en línea y a los consumidores, y a los editores Web buscando dinero. Funciona sobre todo para la propia compañía, que está generando ganancias promedio de 10 millardos de dólares por año.

Sin embargo, el acercamiento puede ser mecánino y débil. Cuando Google decide rechazar a un pequeño editor Web de su servicio de “ad”, envía una carta generada por una computadora, con la mala noticia. Dice que el sitio web “puede ser un riesgo que genera actividad inválida”. ¿Por qué? Podría preguntarse el editor. Nunca lo sabrá de boca de Google. Lo único que ocurre es el llenado de una solicitud Web. Buena suerte. Usted no puede hablar con un algoritmo.

El año pasado, Google trató se vender su propio teléfono inteligente, el Nexus One, fabricado por la taiwanesa HTC, a través de una tienda en línea. El experimento fue archivado después de unos pocos meses. Cuando compraron un gadget complicado, la mayoría de los consumidores querían ver el producto, tocarlo.

Apple seguramente conoce eso y una visita a cualquiera de sus tiendas, puede demostrarlo. ¿No puede imaginarlo? Haga una cita en el Genius Bar y amigablemente los empleados de la empresa tratarán de resolver su problema. Compre el conector incorrecto y llévelo días después, incluso de los 14 que están reglamentados y no habrá problema. Su comercio está llevado por un estilo de vida humano.

Nadie espera que Google abra tiendas o que cambie drásticamente su cultura coroporativa. Pero con la compra de Motorola, Google “tendrá que desarrollar nuevas herramientas de servicio al consumidor y diseños industriales para productos consumibles”, explica Eisenmann. “Será un reto para la empresa, pero no será imposible”.

Google, después de todo, se describe a sí misma como una máquina que aprende.

Traducido por María Gabriela Aguzzi V. gaguzzi@noticiasmontreal.com @GAbAguzzi 

Texto de Steve Lohr para  The New York Times