Viernes, 22 de Febrero de 2013

Entrevista con Milos Alcalay: “denunciar al gobierno de Venezuela se hace complicado por su fachada democrática” (I)

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El Mundo
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Milos Alcalay Venezuela crisis politica

El exembajador venezolano Milos Alcalay dio su análisis a Noticias Montreal sobre la situación que se vive en Venezuela.

Alcalay tiene un largo historial diplomático y ejerció como Embajador de Venezuela ante las Naciones Unidas desde el 2001 hasta que renunció en 2004 debido a la represión militar del gobierno antes las protestas que se registraron en Caracas durante una Cumbre del G15.

También ejerció como representante del Parlatino ante el Parlamento Europeo y ha sido Embajador de Venezuela ante varios países, como Brasil, Israel y Rumania, en éste último, después de la caída del comunismo en Europa del Este.

Los intereses de los Estados y su influencia en el caso venezolano

Alcalay explica que, internacionalmente, hay un grupo de países que por sus propios intereses protegen el status quo en Venezuela y “alteran la dirección institucional de los organismos regionales, suplantándola por intereses políticos”.

Estos países “no van a aceptar que la gallina de los huevos de oro culmine lo que está haciendo…como durante la juramentación ficticia, en la cual Chávez no participó y la cual rayó en lo absurdo”. Sin embargo, refiere, para esta “especie de payasada, se prestaron 22 gobiernos”.

Entre estas naciones estuvieron representantes de países beneficiarios de la diplomacia petrolera venezolana, como los jefes de Estado de Bolivia, Nicaragua, Uruguay, Haití y varias islas del Caribe, además de la delegación de los gobiernos de Argentina, Ecuador y Cuba.

Recuerda Alcalay que, no obstante, “hubo países serios que no se aceptaron venir tales como Brasil, México, Chile, Colombia, entre otros, que no se prestaron para esta ficción política”.

El gobierno de Chávez ha sido muy efectivo a la hora de reunir apoyo internacional gracias a las “dadivas del petróleo”, enfatiza.

“Esto ha creado un sólido bloque internacional que ha influenciado los organismos regionales como la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión de Estados Suramericanos (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños”.

Un claro ejemplo para el exembajador de la alteración del orden institucional de los organismos ha sido el de la OEA, “la cual se ha ALBAnizado”.

Esto fue palpable cuando se rechazó la recomendación del exembajador panameño, Guillermo Cochez, de aplicar la Carta Democrática Interamericana a Venezuela por las presentes violaciones constitucionales y, además, cuando se negó la propuesta del embajador de Canadá, Allan Culham, tras proponer enviar una delegación de la OEA a Venezuela para presentar un informe ante la asamblea del organismo.

Poco después, en el caso de Cochez, el gobierno de Panamá (miembro beneficiario del Petrocaribe), “por presiones internas decidió destituirlo, lo que fue una vergüenza”.

“Lógicamente las decisiones que se adoptaron fueron más una presión política que institucional”

Sobre las preocupaciones de las sociedades civiles a través de América Latina

Señala el venezolano que si alguien va a cualquier país latinoamericano, como por ejemplo Brasil, los medios de comunicación “retratan la realidad inconstitucional del régimen”. Los políticos “tienen muy clara la situación de lo que está pasando en Venezuela”, al igual que los empresarios, asevera. “Tú ves cómo se está cercenando el sistema interamericano de los derechos humanos”.

Hay quienes “ven con preocupación la especie de auge de una democracia popular, como la llamaban en la Europa comunista, que se está expandiendo.”

Advierte Alcalay, “lo que Fidel Castro, junto con el Che Guevara, no pudo hacer en América Latina, lo está logrando, de una manera muy perversa, Raúl Castro, gracias a las finanzas de Venezuela”.

Sobre los retos de denunciar a la “dictadura del Siglo XXI” ante la comunidad internacional

Alcalay explica que hay que apoyar e incentivar todas las acciones que se den en el exterior, como la del parlamentario canadiense Jim Karygiannis, las cuales considera “sumamente importantes”.

“Esto no es una carrera de velocidad esta es una carrera de resistencia”, indica.

“Para poder exponer la verdadera realidad venezolana en el exterior hay que ir sumando posiciones como las de Canadá, el Parlamento Europeo, los partidos de oposición en Brasil y el seguimiento de la prensa en el exterior”.

Sin embargo, para el exembajador, el trabajo de denunciar al gobierno de Venezuela se hace complicado a nivel internacional por su “falsa fachada democrática”.

Esta es una dictadura del Siglo XXI mucho más perversa que las dictaduras que tuvimos que combatir en la década de los ochenta”, dice.

Agrega al mismo tiempo que “hoy en día, esta caricatura de democracia trata de vender algo que no es… una ficción, una ficción de juramentación, una ficción de democracia y una ficción de instituciones siendo en el fondo una democracia popular.”

Enfatiza el hecho de que, a su juicio, varios políticos, a lo largo del continente americano, apoyan al gobierno de Venezuela porque piensan “que está trabajando por los pobres y tiene el voto de los pobres” y no podemos apoyar al grupo de la “oligarquía y los ricos que los están explotando…Eso es algo que vendió muy bien el chavismo…pareciera que es el gobierno de los pobres, pero en realidad es un pobre gobierno porque no puede conseguir soluciones a los problemas”.

Para Alcalay hay un tema que no se debe dejar de mencionar: “en Venezuela se está usando la fachada de una revolución para cubrir la mayor militarización en la historia del Estado venezolano”.

“Más de la mitad de gobernadores son militares”.

Alcalay explica que lamentablemente la dirigencia de la oposición no entiende las mecánicas internacionales y que “el camino de la denuncia en la comunidad internacional es un camino, no es automático e implica un grado de profesionalización, de estrategia combinada y la presencia de gente luchando (en el exterior).”

“La oposición necesita presencia y dirección en el escenario internacional coordinando grupos de trabajo, la cual es una labor que no se está haciendo”, advierte.

Se necesita “un gran dirigente que esté al lado del parlamentario canadiense, o que esté presente cuando el Congreso de Paraguay rechaza el ingreso de Venezuela al Mercosur, o estar presente cuando una editorial del estado de Sao Paulo publica un análisis lúcido”.

Todo esto ocurre en una realidad marcada por la presencia de una diáspora venezolana significativa en varios países, estimada en un millón de personas. “Hay redes de la diáspora que son muy valientes, pero no tienen una dirección que les permita usar el escenario (internacional)”.

En una próxima entrega Alcalay dará su visión sobre los venezolanos que esperan que haya una solución a la realidad venezolana que sea impulsada desde el exterior y su percepción sobre el movimiento estudianrtil en el país petrolero.

@DL_Rod

Foto: Captura de pantalla / YouTube