Domingo, 28 de Abril de 2013

Islandia devuelve el poder a los responsables de la crisis del 2008 y castiga a la izquierda

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El Mundo
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En el 2008 se registró en Islandia una crisis financiera sin precedentes. Ello dio lugar a la aparición del sonar de las cacerolas, tan comunes en otras latitudes, y a la llamada Revolución Islandesa.

La Revolución, liderada por los partidos de izquierda, trataron de establecer una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución. Actualmente la reforma de la constitución todavía sigue siendo un borrador de proyecto.

La crisis se resolvió con la renuncia del primer Ministro Geir Haarde, del Partido de la Independencia y la celebración de elecciones parlamentarias que colocaron al frente del gobierno a Jóhanna Sigurðardóttir, de la Alianza Socialdemócrata y  a la primera lesbiana declarada en ocupar el cargo de primera ministra de Islandia.

Desde entonces, hasta hoy los islandeses -una pequeña pero trabajadora y desde antaño próspera población de unos 331.000 habitantes- parecieran haberse decepcionado de la Revolución Islandesa, y nuevamente dieron su apoyo ayer en elecciones legislativas, a los partidos que supuestamente provocaron la crisis del 2008.

No será Geir H. Haarde, el anterior ministro renunciante quien retornará, sino Bjarni Benediktsson, su colega del Partido de la Independencia que será probablemente el nuevo primer ministro de Islandia.

Informa El Mundo.es

Islandia se aleja de la Unión Europea (UE) y vuelve a manos de los partidos que la condujeron al colapso de 2008. Según los resultados definitivos de las elecciones legislativas celebradas el sábado, el conservador Partido de la Independencia y el centrista Partido del Progreso han conseguido una clara mayoría en el Parlamento, al sumar el 50,3% de los votos (26,7% los conservadores y 24,4% los centristas).

La coalición gubernamental de socialdemócratas y el Movimiento Izquierda Verde pierde 27 puntos y cae al 24,9% (13,5% los socialdemócratas y 11,4% los verdes).

La primera ministra saliente, la socialdemócrata Jóhanna Sigurdardóttir, no ocultó su decepción ante el tremendo batacazo sufrido en las urnas: “Estoy muy triste. Es un resultado democrático, pero las pérdidas son mayores de lo previsto. Hemos que tenido que adoptar medidas impopulares como recortes y subidas de impuestos, pero esperaba que consiguiésemos más votos“.

Sigurdardóttir, que a sus 70 años no se presentaba a la reelección, paga por tanto muy cara su intención de que Islandia ingrese en la UE y adopte el euro. Una idea que partió sobre todo de los socialdemócratas, ya que inicialmente los verdes se oponían a ello, y que en un principio no provocó demasiada polémica, quizá porque en los primeros meses de desesperación después de la crisis los islandeses estaban dispuestos a cualquier cosa con tal de que se les salvase de la bancarrota.

En cuanto la situación se estabilizó algo, aunque fuesen mejoras tan huecas como descensos del desempleo debidos sobre todo a la gran cantidad de islandeses que emigraron a Noruega, el orgullo nacionalista resurgió y la UE volvió a ser mal vista. Los adversarios de la Unión, que según las encuestas rondan el 60% de la población, temen que Bruselas ejerza un control excesivo sobre la economía islandesa y se inmiscuya en las cuotas de captura de la poderosa industria pesquera local.

El otro gran foco de descontento con el Gobierno de Sigurdardóttir ha sido su disposición a pagar una indemnización a los inversores británicos y holandeses perjudicados por la quiebra del banco Icesave. Una postura interpretada por muchos islandeses como una bajada de pantalones para agilizar la adhesión a la UE. Los conservadores y los centristas se oponen al pago y prometen, además, que reducirán hasta un 20% todas las hipotecas, aunque la financiación de esta medida depende de que los acreedores de la deuda islandesa acepten rebajarla.

Con sus declaraciones después de votar, Bjarni Benediktsson, líder del Partido de la Independencia y probable nuevo primer ministro, no disipó demasiado las dudas de quienes opinan que ni centristas, ni conservadores tienen ideas claras para el futuro de Islandia. «La única forma de salir de nuestras dificultades económicas es hacer que nuestra economía crezca», manifestó Benediktsson, «y con ese fin tenemos un plan muy potente que empezaremos a aplicar a partir de mañana para crear más empleo y atraer nuevas inversiones, que es lo que necesitamos».

En un contexto regional, las elecciones islandesas confirman el delicado momento que atraviesa actualmente la izquierda nórdica. Se encuentra en la oposición en Suecia y ahora en Islandia. En Finlandia forma parte de un Gobierno de seis partidos dominado por el centro-derecha, mientras que conserva el poder en Noruega, donde hay elecciones este año, y en Dinamarca, pero en estos dos países anda desde hace meses por detrás en los sondeos, en el caso danés cayendo incluso a mínimos históricos jamás vistos.

Foto: Pantalla video Rtve.es