lunes, 20 de mayo de 2013

Una Manón inolvidable

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Ópera de Montreal

La ópera no es música sola: es espectáculo completo y complejo. Varias disciplinas y áreas del arte en conjunción, aportando su propia excelencia ¡en equilibrio! Eso es precisamente su interés y su gloria. Y  eso es lo que ha logrado la Ópera de Montreal con el montaje impecable de Manón, de Jules Massenet, cuya première tuvo lugar el sábado, en la Salle Wilfrid-Pelletier, de la Place des Arts. 

Todo el elenco magnífico: Marianne Fiset es una de las más reconocidas cantantes del mundo operático montrealés desde hace más de un lustro, cuando ganó cinco premios en el Concours Musical International de Montréal. Gracias a su extraordinaria voz de coloratura que presenta una amplia cobertura, ella ofrece un rico repertorio que incluye los más importantes títulos del verismo, como también obras contemporáneas (como Jeanne d’Arc au bûcher). Su manejo de la voz produce sutiles y múltiples colores, largas extensiones, pianísimos dulces y prolongados y virtuosísimos trinos de increíble agilidad y depurada escuela. Desarrolla el papel de Manón con un desempeño comparable al de cualquiera de las mejores Prime Donne de Norteamérica (recientemente, ejecutó este mismo papel, con gran lucimiento, en la Ópera Nacional de París). ¡Y además es capaz de excelentes interpretaciones histriónicas!

En el segundo acto, Fiset tiene su momento culminante (“Adieux, notre petite table”). La tensión dramática, sus expresiones faciales y gestualización corporal, las cristalinas resonancias de su preciosa voz y la belleza de la melodía son un pivote en la obra. En esta escena, de esta, la más melodiosa obra de Massenet, la música describe todo el drama y la tragedia que se fragua. Es uno de los clímax de la ópera universal, aunque las arias del tercer acto “”Obéissons quand leur voix appelle” y “Ah, fuyez douce image” sean, para mí, los mejores momentos de esta obra.

Opera de Montreal

Increíble poder oír en vivo y en directo la potente y hermosa voz del tenor estadounidense Richard Troxell (Le Chevalier des Grieux), su timbre, el brillo y los detalles de su emisión, y ver sus expresiones histriónicas; ser testigo de su emoción, al recibir el aplauso del público (Troxell reemplaza al tenor portugués Bruno Ribeiro, cuyo nombre es el que aparece en los programas de mano).

El aria de “En fermant les yeux“, tan difícil, es ejecutada por Troxell a la perfección con un tempo y un dramatismo magistrales.

El cantante se da cuenta, de que en ese instante puede decirse a sí mismo “¡triunfé en el mundo!”. Sui géneris, el fogoso aporte que la idiosincrasia norteamericana lleva a la interpretación de Troxell.

Debo exaltar el formidable desempeño del barítono canadiense Gordon Bintner (en el papel de Lescaut). Magníficas su voz, su preparación, y su actuación, tanto musical como escénica.

Debemos reconocer que el bajo Alain Coulombe (el Conde des Grieux) también ofreció magnífica actuación; su voz me parece un poco oscura.

La voz del tenor quebequense Guy Bélanger (Guillot) es poderosa y presenta cuidadosa vocalización; también es muy buen actor. Sus intervenciones son una maratón prodigiosa de humor, picardía, festividad y teatralidad refrescantes, en medio de la musicalidad, calidad, ingenio, genialidad, talento y complejidad de esta obra maestra de Massenet.

Obviamente el director de escena, Brian Deedrick tiene su pauta preparada con exactitud para cada minuto, con una profunda comprensión teatral de la trama psicológica del drama.  Por lo demás, la escenografía en esta producción es formidable.

Como decíamos al comienzo, en nuestra época, está presente el criterio operático que exige que la ópera sea no sólo voz, técnica, canto, música, sino también actuación, escenografía y vestuario.  En todo ello se luce esta producción extraordinaria de la Ópera de Montreal.   Sin duda, esta meritoria compañía cierra con broche de oro su temporada 2012-2013.  Y, por lo que se prevé, la próxima temporada será aún más atractiva.

Lo que ha logrado últimamente la Ópera de Montreal ha sido un privilegio inusitado que Montreal agradece a ese culto y gentil caballero que por casi 25 años se ha entregado a luchar por el progreso artístico de la compañía y que con modestia rara se limita a dejar el estrelleto a los artistas: el gran gestor cultural Michel Beaulac, a quien todos damos las gracias.

La ópera Manón, de Jules Massenet, será presentada el 21, 23 y 25 de mayo, a las 7:30 pm. en la Salle Wilfrid-Pelletier, de la Place des Arts.

Fotos: Cortesía Yves Renaud