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Colombiano quedó en ruinas luego de que el gobierno venezolano tomara su hotel para damnificados

Lo que pasó en el hotel Hamilton Beach, de la Isla de Margarita, es lo que se ha repetido en casi todas las instalaciones expropiadas y entregadas gratis a los partidarios del Gobierno de Venezuela.

Después de la inundaciones del 2010, un general llegó al Hotel Hamilton Beach, propiedad del empresario colombiano Hamilton Martínez y tomó control del mismo y ubicó allí a 370 damnificados que ocuparon las 94 habitaciones del hotel. Después de un año, ni los damnificados ni el Gobierno pagaron nada, mientras que el empresario tuvo que mantener los salarios de los 27 empleados que los atendían.

Finalmente las últimas familias que ocupaban las instalaciones fueron ya sacados, pero el hotel no ha sido devuelto a su dueño y los peor: los ocupantes lo destruyeron completamente y hasta se llevaron los televisores y neveras de las habitaciones. Hoy el empresario es un hombre arruinado.

El Mundo.es

Se llevaron los televisores y las neveras de las habitaciones. Destrozaron las instalaciones y encima no pagaron ni un solo bolívar desde que entraron en el hotel, hace más de un año. La generosidad en cuerpo ajeno del Presidente Hugo Chávez le costó a un hotelero colombiano siete millones de dólares (casi cinco millones y medio de euros), que es lo mismo, en su caso, que la ruina completa.

El sufrido empresario, Hamilton Martínez, tenía un hotel de 94 habitaciones en isla Margarita (Venezuela), que compró con los ahorros de toda una vida. Lo bautizó Hamilton Beach, y era su sueño dorado. Hasta que el Presidente bolivariano, hoy convaleciente en Cuba por un cáncer, decidió hace año y medio que los damnificados por las inundaciones de finales del 2010, tenían que ser alojados, gratis total, en los hoteles destinados a los turistas «burgueses».

Al pobre Martínez, le llegaron 370 personas que hicieron de las instalaciones su propio hogar, aunque sin cuidarlo lo más mínimo. Y aunque las lluvias son ya recuerdo, hasta el 7 de marzo último permanecieron en el Hamilton Beach 28 de esas familias, que no tuvieron el menor reparo en arramplar con todo lo que había en los cuartos antes de largarse.

La bonita piscina, las plantas y árboles que adornaban las zonas comunes, son solo un recuerdo. Como si un vendaval hubiera arrasado con todo, el hotel es como un edificio que llevara años abandonado.

Las habitaciones, antes y después.

«Todo se fue al piso, no me han entregado todavía el hotel, sigue en manos del estado venezolano con la Guardia Nacional custodiándolo. Ya no hay invasores, que fueron ocho familias durante los tres meses antes del invierno. Luego llegaron las familias de los damnificados», según explica el Martínez.

Durante el tiempo en que los ‘okupas’ bendecidos por la populista administración venezolana se apoderaron del Hamilton Beach, el empresario no pudo permanecer siempre al frente de su hotel y debió marcharse por unos meses. Pese a que los ocupantes no pagaban nada y que no podía tener clientes, los 27 empleados seguían recibiendo sus salarios. Y como las desgracias no vienen solas, las personas que habían pagado por adelantado parte de sus vacaciones, le demandaron aunque la culpa no era suya.

Un gran corazón

Por tanto, las deudas se fueron acumulando y ahora el que fuera un entusiasta empleado hotelero en Colombia, que vio en isla Margarita la oportunidad de su vida para convertirse en propietario, debe varios millones de bolívares, además de tener que reparar tanto los bienes que robaron las familias beneficiadas de la solidaridad chavista, como los cuantiosos daños que causaron.

«Todo se fue al piso, no me han entregado todavía el hotel, sigue en manos del estado venezolano con la Guardia Nacional custodiándolo. Ya no hay invasores, fueron ocho familias, tres meses antes del invierno. Luego llegaron las familias de los damnificados».

Ante la falta de respuesta estatal, el verdadero damnificado decidió encadenarse y declararse en huelga de hambre. Espera que la Comisión Presidencial de Refugios Dignos le den una respuesta puesto que fue un general el que invadió las instalaciones imitando al inquilino de Miraflores.

«Lo mío es un ejemplo de lo que le puede pasar a los empresarios. El estado quiso ayudarles y las personas pagaron de esa forma. No es sólo el estado sino la cultura de esas personas. Pero si esto sucede, entréguenme el hotel y vamos a pagarle por los daños. Pero no se sabe si lo entregan, lo expropian o qué va a pasar conmigo», se lamenta el empresario, que aun confía en «el gran corazón» de Hugo Chávez para que le saque de la ruina.

Fotos: elmundo.es y eltiempo.com

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