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Huelga estudiantil: Seamos realistas, pidamos lo imposible

«Seamos realistas, pidamos lo imposible». Esta es una de las tantas célebres frases, que se acuñaron en el Mayo francés del 68, probablemente la más famosa revuelta estudiantil del siglo pasado.

Aconteció que entre mayo y junio de aquel año, París se volvió un infierno. Todo quedó paralizado. Las calles se llenaron de barricadas (de allí esta otra frase: «La barricada cierra la calle, pero abre la vía»).

Las universidades fueron ocupadas por los estudiantes. Las fábricas ocupadas por los obreros. Impresionantes movilizaciones de estudiantes y obreros recorrían las calles. La basura se acumulaba y empezaba a faltar de todo.

El gobierno de Charles De Gaulle y del primer Ministro Georges Pompidou tambaleaban. Mientras que los periódicos del todo el mundo mostraban a un joven de aspecto rojizo, que inflamaba a los estudiantes con su verbo e iba de un lugar a otro avivando a las masas. Era Dany el Rojo -Daniel Cohn-Bendit- estudiante de la Universidad de Nanterre y hoy en día diputado del Parlamento Europeo por el Partido Verde. Dany el rojo se convirtió en verde.

El mayo francés, para ser realistas y menos románticos que la mayoría de las versiones, empezó al interior de la Universidad de Nanterre, con unas simples demandas:

– ¿por qué no nos permiten llevar a nuestras chicas a nuestras habitaciones? y otras reivindicaciones estudiantiles parecidas.

Nanterre para entonces era gobernada por directivos chapados a la antigua, a pesar que se vivían los años 60, años de revolución sexual, de hipismo y del «hagamos el amor y no la guerra».

Ahora bien, ¿cómo fue que se pasó de estas simples reivindicaciones a: al ¡Poder para el pueblo!, al ¡Abajo el capitalismo!, al ¡No a la sociedad de consumo!, a la ¡Gratuidad de la educación!, al ¡Por una enseñanza al servicio del Pueblo!, a la ¡Universidad popular, sí!, al ¡Sí al aumento salarial!, y etc., etc…

Peor aún, cómo es que se pasó de esta revuelta del 68, a la Francia de hoy en día, cuya educación superior resta mucho de ser igualitaria. Un sistema -dividido en Universidades y las Gran Escuelas- en apariencia popular y abierto, en la práctica sumamente elitista. Los que crearon esto, no fueron otros que los del Mayo del 68 y sus herederos.

¿Por qué entonces tantos esfuerzos y recursos quedaron en la nada?  Porque el Mayo francés del 68 fue la revolución de los imposibles, de una absoluta falta de sentido de la realidad.

Fue la revolución del «Seamos realistas, pidamos lo imposible».

II

Nos encontramos ahora en el marzo del 2012 en Quebec. Trescientos mil estudiantes de educación superior en huelga. Impresionantes marchas por las principales arterias de Montreal y de Quebec. Una huelga a punto de sucumbir, probablemente contagiada por los mismo gérmenes del Mayo francés del 68.

Como sabemos, esto empezó con «No queremos el aumento de las matrículas escolares» y con «mis papás no tiene para cubrir los aumentos» Pero luego vino el «educación gratis para el pueblo» y «que los contribuyentes de Quebec  paguen mis estudios».

El dirigente estudiantil de CLASSE Gabriel Nadeau-Dubois, fue muy efusivo cuando planteaba al gobierno de Quebec, las propuestas del estudiantado en huelga.  Ofrecía no solamente cubrir una vez los gastos de las matrículas, sino cuatro veces las mismas y «hasta le sobraría dinero al gobierno».

Su fórmula mágica: Elevar la tributación «de 3 a 10 escalones» y aplicar nuevos «impuestos a las empresas y a los capitales».

En otros términos, esto no es más que la demostración de que cuando se trata de meter la mano a nuestro bolsillo es una injusticia social, pero cuando se trata de disponer de la riqueza de los otros, es justicia social.

De igual manera, los prejuicios anticapitalistas nos llevan a creer que las empresas son vacas lecheras a las cuales podemos recurrir a ordeñarlas las veces que queramos, porque pensamos que son eternas y que son nuestras.

Ahora bien, si a esto le agregamos la contaminación de los partidos políticos, la situación se complica aún más. Es muy cierto que no hay huelga, ni manifestaciones sin conducción política. Y aquí caben miles de posibilidades, entre ellas que los objetivos iniciales queden relegados a segundo término. Para algunos partidos les interesará solamente sembrar el desconcierto, otros solo desprestigiar al gobierno y otros fortalecerse frente a posibles elecciones. Y de las reivindicaciones, bien gracias.

Mucho o poco de estos ingredientes están presentes en la huelga estudiantil de Quebec, hasta hoy. Me imagino que la gran mayoría de los que apoyan el paro, lo que quieren es simplemente no pagar el incremento propuesto o pagar menos. De tal manera que no les interesa toda el resto de la retahíla de cosas que se dicen. También hay que considerar, aquellos que no apoyan la huelga, pero no quieren pagar el aumento y aquellos que no apoyan ninguna huelga y que quieren pagar o simplemente les da igual.

Es importante señalar que la historia del movimiento estudiantil de Quebec demuestra que cuando los estudiantes han logrado resultados positivos, es cuando han procedido con el muy norteamericano estilo «práctico», antes que con el idealista estilo francés del Mayo del 68.

Entonces, seamos realistas y pidamos lo posible.

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Fotos: lapresse.ca y cronicasdorochedo.blogspot.ca

Autor: Víctor Hugo Ortiz

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú y el diario El Nacional de Venezuela. Tiene una larga experiencia como empresario y administrador. Ha sido testigo y muchas veces actor de los grandes cambios políticos y sociales que han ocurrido en Latinoamérica. Vive en Montreal desde el año 2004 y es cofundador de NM.

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