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La popularidad de Dilma Rousseff bate records en Brasil, a un año y medio 77 % de apoyo

La popularidad de la que goza actualmente la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se considera un récord de los últimos 20 años. A un año y medio de su gestión, la presidenta tiene un contundente 77 % de popularidad. En tanto que su antecesor Lula da Silva a esa fecha,  apenas tenía 34 %.

Son muchos elementos que favorecen a la presidenta. Su carismática manera de gobernar, dura, exigente y a veces autoritaria, lejos de desprestigiarla la han ayudado. Los programas sociales, especialmente los orientados hacia las mujeres, su apoyo a la industria nacional y sus giras al exterior, que dejando de lado los parloteos, han sido eficaces maneras de lograr acuerdos externos.

El País

La popularidad de la presidenta Dilma Rousseff, la primera mujer que llegó al poder en la historia de Brasil, se ha disparado. Desde diciembre a hoy ha crecido cinco puntos más —hasta alcanzar el 77%— llegando al récord absoluto en los últimos 20 años, en los que ninguno de sus antecesores había alcanzado una cifra semejante de consenso al año y medio de su Gobierno.

En ese mismo periodo, por ejemplo, el carismático expresidente y antecesor de Rousseff, Lula da Silva, llegaba solo al 34%. A Rousseff no le han hecho mella en su popularidad ni la crisis de su Gobierno, del que tuvo que expulsar a diez ministros, ni el bajo índice de crecimiento del producto interior bruto del año pasado, que se situó en un 2,7%. Lo que más ha apreciado la opinión pública en este sondeo realizado entre el 16 y el 19 de marzo es el empeño de la presidenta en los programas sociales «a favor de las mujeres» y los éxitos de sus viajes al exterior, junto con la imagen que se ha creado de gestora dura y exigente y de irreductible en la lucha contra la corrupción.

El sector industrial también debe estar satisfecho con el trabajo de Rousseff. Dilma defendió con énfasis la industria nacional en un acto ante una audiencia de 400 empresarios, ministros y congresistas, y anunció una inyección de 26.000 millones de euros para fortalecerla. El programa de ayuda las empresas incluye una reducción de impuestos, incentivos a las exportaciones y a la producción nacional de vehículos, entre otras muchas medidas, con la finalidad de que la economía brasileña crezca este año un 4,5%.

«El Gobierno no va a abandonar a la industria brasileña. No concebimos nuestro desarrollo sin una industria fuerte, innovadora y competitiva», afirmó. Y añadió; «Al lema de mi Gobierno ‘Un país rico es un país sin miseria’, quiero añadir hoy que un país rico es también un país que invierte, que crea empleo y que se hace cada vez más competitivo». Algunos sindicatos y aquellos industriales a los que no les alcanzará el banquete de miles de millones han considerado el programa aún «tímido».

No cabe duda de que la decisión de Dilma Rousseff de socorrer a buena parte del mundo industrial brasileño tiene como telón de fondo el temor de que la gran competencia mundial, sobre todo de China, acabe debilitando la industria propia que ya da señales de enfriamiento. Incluso en algunos sectores se comenzaba a hablar de «despidos», una palabra tabú hoy en Brasil. Hay ya fábricas, en efecto, como algunas de electrodomésticos y piezas de recambio, con el 80% de la producción parada. Se espera que las nuevas medidas del Gobierno tendrán efecto solo a medio y largo plazo.

La presidenta recibirá previsiblemente otro empujón a su prestigio mundial con la reunión Rio+20, la gran conferencia organizada por la ONU sobre Medio Ambiente que tendrá lugar en Rio de Janeiro en junio próximo, y al que acudirán los líderes de 160 países y los jefes de Estado de los países que hoy más cuentan en la escena mundial. Y la exguerrillera será la gran anfitriona que deberá presentar el programa ambiental de Brasil y su empeño en la producción de energías alternativas para paliar el hecho de que Brasil se está convirtiendo con sus yacimientos del Pre-sal en uno de los mayores productores de crudo del mundo.

Los sectores de clase media que no votaron por Rousseff en 2010 ha apreciado también el hecho de que la presidenta haya declarado abiertamente —con todo el aprecio y la admiración que siente por su tutor y antecesor, Lula— que él es él y ella es ella, y que no en todo están ni pueden estar de acuerdo. O sea, que no quiere ser ni la sombra ni la calcomanía de su exjefe. Rousseff partirá los próximos a un visita oficial a Estados Unidos, cita considerada de gran relieve político, con esa cifra aplastante de popularidad en la cartera solo 15 meses después de haber comenzado su Gobierno.

Foto: elpaís.com

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