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José Navas y su nuevo espectáculo, Diptych: «Danzando con acento hispano»

Jose Navas 1

Jose Navas 1

El 13 y el 14 de noviembre, en el Théâtre Maisonneuve, de la Place des Arts, la serie Danse Danse presentará el espectáculo Diptych, la más reciente producción de José Navas interpretada por el coreógrafo mismo y por su compañía, Flak. Navas, venezolano radicado en Canadá que se ha convertido en los últimos años en uno de los mayores referentes de la danza contemporánea en el país.  Su trabajo, reconocido por ser moderno y original, pero sin perder el refinamiento estético y la espiritualidad de la danza, ha merecido los más altos elogios de la crítica mundial. 

José Navas, heredero de Merce Cunningham y actual coreógrafo en residencia del Ballet BC de Vancouver, estuvo conversando con Noticias Montreal sobre los enfoques de su creación artística y, especialmente, acerca lo que el público montrealés podrá apreciar en Diptych.

– Hablemos de Diptych, desde el ángulo de la narrativa…

– El trabajo que yo hago normalmente es de abstracción, pero, en la danza, como se trabaja con cuerpos humanos, la abstracción resulta casi inexistente.  La narrativa de esta obra es muy básica, muy minimalista: es una pieza que habla de la relación entre el cuerpo, el espacio y la música.    La primera parte es hecha con música de piano, el  Das wohltemperierte Klavier, de Bach.   Esta es la parte más formal y cartesiana del espectáculo.  Y, en la segunda parte, con música de chelo, también de Bach,  pasamos a algo más teatral y más orgánico del movimiento.  Esta parte es mucho más humana que la primera.  Allí, por primera vez, he dado a los bailarines de la compañía la libertad de improvisar dentro de la estructura de la pieza.

– ¿Qué es lo más sobresaliente en cuanto a la estilística de las piezas que vamos a ver la semana entrante?  Nos dicen que esta es, hasta el momento, la más clásica de sus obras…

– En estos momentos, tengo un gran interés por la música y la danza clásicas.  Después de treinta años trabajando en la danza contemporánea, hay algo del clasicismo de la danza que siento que es importante investigar en este momento de mi vida.   Diptych, a mis ojos, es una pieza muy clásica, pero sigue siendo danza contemporánea, porque hay una utilización del torso y del piso, y eso es muy innato a la danza contemporánea.

– ¿Se hará evidente, entonces, en esta obra una ruptura con lo que el público montrealés ya conoce de la trayectoria creativa de José Navas?

– De alguna manera, sí.  Creo que hay una ruptura muy clara entre lo que he hecho anteriormente con mi compañía y lo que estoy haciendo a partir de Diptych.  Y me he ido tanto hacia el lado clásico, que el año entrante presentaré una versión de Giselle, con una compañía de ballet.  Eso para mí es como un nuevo capítulo de mi vida, un capítulo interesante que tengo que descifrar y descubrir.  Y llegar a mi edad y poder sentirse nuevo es algo importante.  

– Otra latinoamericana, Alicia Alonso, encarnó la Giselle más famosa de todos los tiempos.  Cuéntenos sobre esa Giselle que usted está preparando para el 2013…

– Alicia Alonso ha sido una inspiración muy grande para mí, y hemos hablado mucho de ella en el proceso de la obra, porque ella bailó Giselle durante muchos años.  Y la Giselle que yo propongo está arraigada a la versión clásica, con un vocabulario totalmente clásico, pero desde una óptica contemporánea.  Uso la música original y es un trabajo en puntas, pero hay una clase de transgresión de la historia. Los personajes cambian un poco sus deseos.   Yo propongo una Giselle diferente, porque es una historia homosexual y en ella está presente el tema del suicidio.

– Esto, seguramente, dará mucho de qué hablar, si tenemos en cuenta todas las polémicas que suscitó la versión homosexual de El Lago de los Cisnes…

– Sí, y aunque la pieza todavía no ha sido presentada, mucha gente ya está hablando de esta versión, porque aparece esta historia gay.  A mí me parece interesante, porque hoy en día los temas de género y violencia están muy presentes en nuestra cultura y creo que es pertinente mostrar una historia de amor, como Giselle, desde la óptica de la vida de hoy.

– Hablemos de esa mezcla entre barroco y contemporáneo que se conjuga en su Diptych

– En la música barroca, hay algo que me interesa mucho y es que hay un tema que se repite y se comenta.  Y eso se asemeja a mi manera de trabajar:  cuando nosotros hacemos una coreografía, siempre hay como una espina dorsal, una frase de movimiento que es la frase madre a partir de la cual surgen las otras frases, que son un comentario de esta frase inicial.  Y en las fugas de Bach, encontramos la misma ecuación.   Y la coreografía de Diptych va tan bien con la música de Bach, que para mí sería casi imposible tomar el mismo material, pero con otra música.

– Contrario a numerosos coreógrafos actuales, usted se interesa mucho por la belleza y el lirismo…

– Yo no lo veo de esa manera, pero es algo que me han preguntado muchas veces.  Más que la belleza, lo que busco es la armonía, la lógica y el lado espiritual de la danza.  Mi trabajo siempre ha estado orientado hacia el movimiento y menos hacia lo teatral.  Quizás es por eso que la gente ve belleza en él.  Pero lo que me propongo es lograr una comunicación con el público, darle algo positivo, algo que nos eleve el espíritu y nos haga pensar.  Yo espero que mi trabajo sea accesible, poético y humano.

– ¿Qué hay en este Diptych de su esencia latinoamericana?

– No creo que haya mucho.  Sin embargo, creo que en mi trabajo hay un acento, como lo hay cuando hablo inglés y francés.  Y, a pesar de que Diptych no es una pieza que hable de Latinoamérica ni de mi vida personal, hay siempre un acento latinoamericano, y creo que es la musicalidad.

– Hablemos de la androginia de sus personajes…

– Yo soy un ciudadano gay y creo que eso ha influido mucho en cómo veo a mis bailarines.  No los veo como hombres o mujeres, sino como cuerpos.  Y la manera como relaciono estos cuerpos ha sido de energía a energía, no con base en el sexo de los mismos.   Creo que eso es también consecuencia de mi escuela,  de la manera de ver la danza que aprendí de Merce Cunningham, en la que uno no ve necesariamente al individuo como hombre o mujer, sino como instrumento de movimiento y de poesía.   Y eso, en el mundo de la danza, más en el del ballet que en el de la danza contemporánea, puede invitar a la gente a pensar en personajes andróginos, pero, más que andróginos, mis personajes son asexuales.

– Cuéntenos sobre la gira de presentaciones de Diptych y del éxito alcanzado, desde su creación, en Bélgica, el año pasado…  

– La pieza ya ha pasado por varios países europeos, y creo que el éxito de Diptych es la evolución de la pieza, porque, cada vez que la retomamos, la trabajamos y clarificamos un poco más, y por eso es que mi trabajo ha sido siempre como un objeto viviente: porque lo mío no son piezas que una vez hechas permanecen intactas, sino que evolucionan cada vez que se presentan en escena.  Por eso, ahora que Diptych se presentará en Montreal, creo que presentaremos su versión más exacta hasta el momento.

– Su país natal, Venezuela, llegó a liderar, con Argentina y Cuba, el panorama balletístico de América Latina.  Sin embargo, en los últimos años, la gran mayoría de grandes bailarines venezolanos han decidido inmigrar y puede decirse que la gloria del ballet venezolano hoy solo existe a través de los venezolanos que trabajan en el exterior.  ¿Qué piensa de este fenómeno?

– Es un fenómeno algo triste, porque, como has dicho, una gran parte de la comunidad dancística ha salido del país y ha hecho carrera afuera.  Muchos de nosotros perdimos un país y un hogar y hemos hecho otro hogar fuera de Venezuela.   En los años setenta y ochenta, Venezuela llegó a ocupar una posición importante en el mundo de la danza de Latinoamérica.  Pero todo eso desapareció.  Venezuela ha pasado por un proceso político bastante intenso y ha habido muchos cambios en los últimos años.  Uno de esos cambios ha sido en lo cultural.  En este momento, la danza clásica o la contemporánea talvez no tienen mucho espacio en Venezuela: el hincapié está sobre todo en el lado folclórico.  Y esta falta de atención a la danza me parece muy triste, porque en Venezuela hay mucho talento. Es muy grande la cantidad de bailarines formados en Venezuela y que han hecho carrera en el exterior, y, si tuviéramos la oportunidad de regresar y de hacer cosas allá, sería fabuloso. Pero yo estoy seguro de que la situación cambiará en el futuro.

Fotos: Valerie Simmons

Autor: Sergio Esteban Vélez

Comunicador de la Universidad de Antioquia, especializado en Lenguas Modernas en la Universidad de Sherbrooke. Ha publicado siete volúmenes de poesía y de entrevistas. Es columnista semanal del periódico El Mundo (Colombia) y comentarista cultural de Noticias Montreal. Fue secretario general de la Academia Antioqueña de Letras. Ha sido ganador, entre otros, del Premio Nacional de Periodismo “Simón Bolívar”, máximo galardón al periodismo colombiano, y del Premio “José María Heredia”, que le concedió el Instituto Nacional de Periodismo Latinoamericano, de Los Ángeles, California.

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