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«No deje que mi esposa se cruce con Aristóteles Onassis”, pidió Kennedy…pero no pudo evitarlo

La vida de los Kennedy es como un libro apasionante. Uno no quiere parar de leer. Siempre hay algo más que descubrir, porque siempre hay una sorpresa, como esta:

Con ocasión de su primer viaje oficial del presidente John F. Kennedy a Grecia, el guardaespaldas de Jackie, Clint Hill, recuerda hoy que el presidente lo llamó al salón Oval y le dijo: “No deje que mi esposa se cruce con Aristóteles Onassis”. Seguramente el presidente estaba al tanto de las cualidades de conquistador del armador griego, a pesar que su aspecto físico no era muy agraciado, aunque ampliamente superado por su fortuna personal.

Kennedy fue premonitorio. Pero no pudo evitar que el destino hiciera su trabajo. El verano del 63 que precedió a la muerte de John Kennedy, Jackie volvió a Grecia y se montó en el lujoso yate de Aristóteles. Tiempo después, ya fallecido Kennedy, Jackie y Aristóteles se unirían en un matrimonio que fue la decepción de quienes creían en los cuentos de hadas. Tenían la impresión de que la rana no se transformó en el hermoso príncipe como se esperaba.

Clint Hill, quien con ocasión del aniversario 49 del asesinato de Kennedy, lanzó un libro donde revela aspectos impresionantes del día del asesinato del presidente en Dallas, Texas. Por ejemplo, ratifica aquello que siempre se dijo, del temor que se sentía en ámbitos de la Casa Blanca respecto a ese viaje. El ambiente en Dallas, por esos días, no era muy propicio para los demócratas. El líder Adlai Stevenson había sido agredido por un grupo de adversarios, días antes.

Cuenta Hill que la primera dama le expresó sus miedos, pero no se puedo evitar que el destino se cumpliera.

El 22 de noviembre de 1963 John Kennedy y su comitiva avanzaban por una de las calles de Dallas. Clint Hill estaba en un carro, atrás del descapotable del presidente, cuando escuchó el primer tiro. Vio al presidente llevarse las manos hacia la garganta. Enseguida saltó sobre el descapotable, pero un segundo disparo impactó en la cabeza de Kennedy. “Fue como el sonido de un melón estampándose contra el cemento”, relata en sus memorias Hill. Y agrega: «La sangre, los sesos y los trozos de hueso salieron de la cabeza del presidente y me salpicaron en la cara y en la ropa”. Lo demás, como sabemos, es historia.

Mis recuerdos de aquel día

Cuando ocurrió el asesinato de Kennedy vivía en Perú, estaba en los primeros años de mi adolescencia. Esa  tarde del 22 de noviembre de 1963, alguien llegó espantado a la casa de mi madre, con la terrible noticia: Mataron a Kennedy. Un sentimiento de honda tristeza me invadió y al mismo tiempo de miedo. Salí a recorrer las calles, la gente se agolpaba en las vitrinas de los comercios para ver los pocos televisores en blanco y negro que para la época existían. Las rudimentarias imágenes del presidente, transido de dolor, se pasaban una y otra vez. Los gestos y las acciones de Jackie, desesperada al ver a su esposo desmoronarse con el cráneo destrozado, me impactaron.

Ese día también la televisión mostró al autor de los disparos, Lee Harvey Oswald, quien fue atrapado horas después  en el mismo edificio desde donde efectuó los disparos. A Oswald lo veríamos dos días después -en una transmisión en vivo y en directo- caer bajo el fuego de Jack Ruby, quien se abrió paso entre cámaras, policías y publico, para descerrajar su arma contra el asesino de Kennedy.

Como digo, aquel 22 de noviembre de 1963, ha quedado inolvidable en mis recuerdos. La desazón de ese luctuoso evento, no solamente lo sentí yo. El sentimiento de tristeza era generalizado. Lo que recuerdo es una ciudad bajo shock. Hasta me pareció que ese día inhabitualmente el cielo se tornó gris. Recuerdo haberme sentido algo mareado, como flotando. Fueron largas horas, hasta que sobrevino la noche. No fue fácil conciliar el sueño.

Efectivamente, así era el encanto que producían los Kennedy, que hasta un niño como era entonces, cayó bajo el influjo del carisma y simpatía que desbordan, sin importar el lado oscuro de la política de John Kennedy en particular y el período difícil de la época, signada por la Guerra Fría.

Foto: assassinscreed1092.com

Autor: Víctor Hugo Ortiz

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú y el diario El Nacional de Venezuela. Tiene una larga experiencia como empresario y administrador. Ha sido testigo y muchas veces actor de los grandes cambios políticos y sociales que han ocurrido en Latinoamérica. Vive en Montreal desde el año 2004 y es cofundador de NM.

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