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La verdad además de serlo, debe parecerlo

El Diccionario Oxford ha elegido la palabra «post-truth» (posverdad) como «palabra del año». Designa algo así como esa verdad cómoda en la queremos creer. Este neologismo describe un fenómeno social y político que nos afecta a todos en un mayor o menor grado. Aunque podemos decir que existe desde que el mundo es mundo, está exacerbado por la utilización del Internet y las redes sociales al afectar nuestra “dieta informativa”. Tendemos a leer, ver y escuchar noticias e información que afirman nuestro acervo ideológico y que coinciden con nuestra cosmovisión. Al mismo tiempo, desconfiamos y rechazamos lo que desafíe nuestras convicciones, creencias y sistemas de pensamiento.

Detrás de las posverdades se han creado verdaderas “ciberlogias” de gente de pensamiento único. Ambientalistas, racistas, indigenistas, antiabortistas, animalistas, naturistas, neofascistas, antinatalistas, buenistas, ultrafeministas, postmarxistas, antigénero, etc. Las libertades de pensamiento y de asociación, potenciadas por la masificación del acceso a la información y los algoritmos de relacionamiento entre personas con probabilidades ínfimas de entrar en contacto, están creando verdaderas cofradías de militancia. La agudización del fenómeno ya está llevando al fanatismo y a la radicalización de gente dispuesta a pasar a la acción.

Desde un punto de vista político, el peligro yace en la amenaza del derecho a la diferencia y al respeto de las minorías. La democracia empieza entonces a relativizarse, la tolerancia se debilita y se abren espacios a la dictadura de las mayorías, cuando no a un debate enconado de sordos. La “realidad objetiva”, la verdad que se nos quiere imponer y la que estamos dispuestos a creer y aceptar, entran en contradicción.

Lo hemos visto con el “Brexit”, los acuerdos de paz en Colombia y la elección de Trump. Son casos en los que una clase política y de intelectuales quiere imponerle una “posverdad” a un pueblo que no se la quiere comer. Las víctimas generalmente son los que sí se la comen. Su frustración los lleva pronto a la desconfianza y al exabrupto. Recordemos las manifestaciones contra Trump los días siguientes a su elección o la resiliencia del “Anti Trump Movement”. Las “posverdades” que ayer hicieron a Obama merecedor del Premio Nobel de la Paz por sus acciones, hoy son la base para pedir el “empeachment” de Trump por su mal gobierno.

 wolfgangumolina@gmail.com

Twitter: @WolfgangUMolina.

Autor: Wolfgang U. Molina

Consultor gerencial, canadiense nacido en Venezuela, radicado en Montreal desde 2005. Ha sido Director de Mercadeo de una compañía petroquímica y Gerente General de una firma de inteligencia de negocios. Fue asesor del gobierno venezolano en 1990 y asociado de varias firmas de consultoría.

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