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Bajo la lupa

Dibujo VH

De pronto los hechos se precipitaron; y, Pedro Castillo, el enigmático hombre del sombrero blanco amarillento, se encuentra a las puertas de ser defenestrado de su cargo de presidente del Perú, cuando apenas tiene algo más de cuatro meses en ejercicio.

¿Qué ha pasado? Muchas cosas. Alguien dijo que el presidente a cada rato se dispara en los pies; por no decir que mete la pata a fondo. Muchos lo dan por un inepto, por un incapaz para gobernar. ¡Pero cuidado!, que quizá por ello fue elegido. Hace mucho tiempo en Perú, el electorado se empeña en elegir al más malo entre los malos.

O quizá no es un ningún incapaz; tal vez es el revivo entre los vivos; no hay que juzgar por las apariencias. Como él mismo lo dice “me quieren sacar del cargo, porque no aceptaron (la oposición) que un campesino, un rondero, un maestro, dirija la Nación”.  

El punto quizá no es que no sepa gobernar, que posiblemente es lo que le pasaría a todo principiante en el ejercicio del poder. El punto es quizá que no ha podido poner en práctica su “plan” partidario, el que, como sabemos los que no votamos por él, consiste en desestabilizar el sistema; o como él lo dice poner en marcha reformas estructurales. Sabemos lo que eso significa.

Los que hemos experimentado en carne propia estos cambios, y hasta participado algunas veces en ellos, y hoy los miramos de lejos, diríamos que estamos hartos de tales “reformas estructurales”, las que no reforman nada. Sea porque poniéndolo todo patas arriba, al final todo se esfuma; o bien sea porque tras un revoltijo de cosas, éstas se acomoden para el servicio de un partido político, o de un grupito de personas, quienes desde las alturas del poder manden cual sátrapas eternos. Hay, pues, un retorcido sentido del ejercicio del poder que desde hace mucho tiempo recorre el mundo entero.

Me temo que este es el caso de nuestro humilde presidente. Si él tuviera espíritu democrático, debería haber aceptado que solamente tiene en su poder al Ejecutivo, y algunos representantes o simpatizantes minoritarios en las otras instituciones del Estado. Por tanto, no puede pretender hacer lo que le plazca; y sin tomar en cuenta al otro 49.83 % que no votó por él; al fin y al cabo, 44.058 votos, que fue con lo que ganó no le otorgan carta blanca; e incluso no le otorgan carta blanca si hubiera ganado con una abrumadora mayoría.

La defensa del «pueblo»

Castillo dice, como si fuera su mejor defensa, que a él lo ha elegido el pueblo. O sea, los que no votamos por él, el otro casi 50 %, no somos pueblo. ¿Dónde aprendió eso? Pueblo son todos lo que habitan en ese país. Hombres, mujeres, ricos y pobres, blancos y de otros colores, altos y bajos, obreros e industriales, campesinos y estudiantes, buenos y malos, delincuentes y no delincuentes. Todos.

No está mal desde luego que el presidente Castillo pretenda ser “creativo”, pero sabemos que eso de “creativo” envuelve otras intenciones. Por ejemplo, desde que asumió el gobierno, el 28 de julio del 2021, se negó a despachar en el palacio de Gobierno; y se empeñó en gobernar desde el Centro de Convenciones de Lima, ubicado en el barrio San Borja; y juramentó a sus ministros en el Gran Teatro Nacional. Más aún, su primer premier, Guido Bellido, fue juramentado en el histórico lugar de La Pampa de Quinua, en Ayacucho. La prensa estuvo alborotada y trajo a colación el hecho que en esos lugares no hay sistemas de seguridad, y de observación diríamos también, como lo hay en el histórico palacio de Pizarro. En agosto, sin embargo, a regañadientes Castillo aceptó despachar desde el palacio de Gobierno.

Algunos dirían que Castillo, en su inconsciente no quería asumir una tal responsabilidad; de tal manera que si en el Congreso unicameral peruano, prospera la moción de vacancia que ya está sobre el tapete, quizá se haga realidad ese deseo involuntario.

Pero quizá Castillo no va a caer por estos actos (…) sino por actos más mundanos, ligados a esas viejas y enraizadas costumbres de caer en la tentación del vil metal»

Después de esa obra teatral, intitulada No voy a palacio, se enfrascó en un tozudo rifirrafe con la opinión pública, llámese la prensa, que le objetaban el nombramiento de Guido Bellido, como jefe (premier) de su gabinete; un hombre del que se dice es un ensalzador de Sendero Luminoso, agrupación que en el Perú es como hablar del diablo, o como ponerse a defender al partido nazi en Alemania.

Más adelante Guido Bellido, y todo su gabinete, sería sometido a un voto de confianza por parte del Congreso, y del cual salió incólume. Pero luego Bellido, sabiéndose muy cercano al “dueño” del partido Perú Libre -como así se nombra a Vladimir Cerrón-, comenzó a tener una suerte de agenda independiente, y a veces invasiva hacia el propio presidente; motivo por el cual éste lo sacó del cargo.  

Pero el paso de Bellido por el gobierno es uno de los varios puntos por los cuales será imputado el presidente Castillo. Se señala también que la administración de Castillo ha debilitado al sistema democrático, al fortalecer relaciones con gobiernos antidemocráticos (llámese, por ejemplo, Venezuela). También se le reprocha a Castillo, que haya intentado, por intermedio de uno de sus ministros, influir en los recientes ascensos en las Fuerzas Armadas.

Pero quizá Castillo no va a caer por estos actos que acabamos de señalar, que podrían juzgarse de “políticos”, sino por actos más mundanos, ligados a esas viejas y enraizadas costumbres, de caer en la tentación del vil metal; tentación de la que no se escapan ni los más conspicuos censores del sucio capitalismo; o porque piensan que el gobierno es antes que nada un espacio para enriquecerse.

Dos eventos recientes, han venido a enrarecer más el ambiente alborotado del país, y nutren el ánimo de defenestrar al presidente. El 24 de noviembre pasado, fueron encontrados en un closet de uno de los baños de palacio de gobierno, unos 20 mil dólares en efectivo; y las investigaciones apuntaron hacia Bruno Pacheco, exsecretario general del Despacho presidencial.

Más recientemente se dieron a conocer una serie de fotos y videos que daban cuenta de reuniones “secretas” del presidente Castillo en su casa particular; y en donde aparecía sin su típico sombrero grande. Estas reuniones que ya habían sido objeto de llamadas de atención de la Contraloría, que le decían que estas actividades vulneraban la ley que regulaba la gestión administrativa del gobierno. Entre los visitantes había “proveedores” del Estado, y en particular – según Cuarto Poder, el medio que hizo la denuncia- se resalta la visita de Marco Antonio Villaverde, gerente general Mazavig S. A. C., quien está bajo investigación por lavado de activos. Actualmente los hechos están siendo investigados por la Contraloría y la Procuraduría de la República.  

Al respecto, el ex premier Guido Bellido, que ahora ya no es tan amigo del presidente, escribió un Tweet, en donde condenaba los hechos señalados y agregaba: “Señor presidente, usted no puede ponerse el sombrero para sentarse en palacio y ponerse una gorra para hablar con empresarios”. 

Veremos lo que sucederá.

Autor: Víctor Hugo Ortiz

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú y el diario El Nacional de Venezuela. Tiene una larga experiencia como empresario y administrador. Ha sido testigo y muchas veces actor de los grandes cambios políticos y sociales que han ocurrido en Latinoamérica. Vive en Montreal desde el año 2004 y es cofundador de NM.

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