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¿Acaso a nuestras democracias les falta un poco de autoritarismo?

Parece esto un contrasentido, ¿verdad? Pero… ¿estamos yendo bien por el sendero en el que vamos?

En estos momentos en que Rusia está invadiendo Ucrania con una ferocidad morbosa, y que para nosotros ese tipo de comportamientos es inaceptable, ¿qué hacemos, o qué podemos hacer frente a ello? No mucho, al parecer.

Nos encontramos de pronto débiles, y faltos de métodos, que no sea otro que el de golpearle el rostro al agresor con un pañuelo.

En todos estos años en los que hemos gozado de tranquilidad, de confort y de las libertades, que nos brinda un sistema que cultivaron nuestros ancestros con esfuerzo y hasta con sus vidas; nosotros -aburridos, quizá- nos hemos dedicado con ahínco a estirar y estirar el sistema y sus valores conexos, al punto de casi romperlo. Y lo vamos a romper, si seguimos así, porque creemos que el sistema no tiene límites, y podemos pedir… y pedir. Pedimos, por ejemplo, más y más libertad porque incluso creemos que no gozamos de ella. A veces parece que solamente vemos nuestros ombligos, sin pensar en la solidaridad con los otros.

Y renegamos incluso de nuestra democracia -perfectible desde luego-, creyéndola equivocadamente que es un sistema opresor, autócrata, dictatorial. ¿Estamos comprendiendo lo que decimos? A veces metemos tantas cosas sin sentido en una licuadora, creando un jugo extraño que nos lo tomamos sin reparos. Y alimentamos nuestras tirrias de este modo, sin darnos cuenta como alguien decía jocosamente: Estamos yendo al cielo y nos vamos quejando.

Pero he aquí, que ahora un país realmente autoritario, está a punto de ponernos de rodillas; y no sabemos a qué atenernos, salvo darnos la vuelta, o cerrar los ojos, y que el sátrapa haga lo que quiera, y rezando para que no llegue hasta nosotros. Esta es una actitud que no honra el hecho de abrazar un sistema que, si bien no es perfecto, es mejor que otros ya vividos. Por tanto, es necesario valorizar lo que tenemos, y cuidarlo.

La democracia es sólo un lado de la moneda. El otro lado, es el autoritarismo, el totalitarismo. Ambos no se quieren. Mientras el totalitarismo está bien equipado para el ataque, la democracia a veces en su afán de ser siempre democrático descuida la defensa. El defenderse no es desvalorizarse; es una necesidad de sobrevivencia.

Es bien sabido que cuando uno brilla, habrá alguien que quiere apagar ese brillo. Cuando uno destaca, habrá alguien que quiere opacarlo. Así es la vida, así somos los seres humanos.

En estos momentos en que la polarización del mundo ha vuelto a renacer, debemos estar más consciente de ello. La democracia es enemiga de la tiranía. La democracia es enemiga del personalismo; y por tanto, la democracia tiene muchos enemigos, internos y externos; por tanto, debemos adoptar mecanismos de protección. Debemos cultivar una buena dosis de autoridad, aunque no de autoritarismo, que este es el campo del reverso de la moneda.

Autor: Víctor Hugo Ortiz

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú y el diario El Nacional de Venezuela. Tiene una larga experiencia como empresario y administrador. Ha sido testigo y muchas veces actor de los grandes cambios políticos y sociales que han ocurrido en Latinoamérica. Vive en Montreal desde el año 2004 y es cofundador de NM.

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