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Biden tiende puentes a Maduro. ¿Por qué?

Joe Biden y Nicolás Maduro. Foto Youtube

Este fin de semana una delegación del gobierno estadounidense viajó hacia Venezuela y se reunió en el palacio de Miraflores con Nicolás Maduro y la vicepresidenta, Delcy Rodríguez.

La delegación de Estados Unidos estuvo encabezada por Juan González, uno de los asesores de la Casa Blanca para asuntos latinoamericanos; Roger Carstens, enviado de Joe Biden para asuntos de rehenes; y James Story, embajador de Estados Unidos en Venezuela, pero que despacha desde Bogotá, Colombia, a causa de la animosidad del régimen chavista contra el país norteamericano.

No se conoce exactamente los términos de la discusión; pero se cree que ambas partes expusieron sus exigencias máximas, sin que necesariamente se haya llegado a alguna conclusión. De todos modos, se trataría de una primera reunión, porque podría haber muchas más.

Del lado de la dirigencia opositora hasta este momento no se ha escuchado ningún comentario; y es posible que estén tan sorprendidos, como la generalidad de la población venezolana.

El hecho de que Estados Unidos esté negociando directamente con Maduro, ratifica la futilidad de una presidencia emblemática, como la que el mundo democrático ha reconocido en la persona de Juan Guaidó. Sin embargo, y mal que nos pese, podríamos decir que hoy en Venezuela no hay oposición, o mejor dicho no hay liderazgo opositor sólido y confiable. Cuando lo hubo, esa dirigencia desperdició las numerosas ocasiones que tuvo para deshacerse del régimen chavista.

Ha tenido que ocurrir una guerra, la que está librándose en Ucrania, para que el ícono de la democracia en nuestro hemisferio -si creemos que aún es un ícono-, los Estados Unidos, se diera cuenta que el enemigo también lo tenemos en casa. Estados Unidos durante décadas ha ignorado a Venezuela, como ha ignorado a toda Latinoamérica, que no sea otra cosa que el aprovechamiento -no siempre bien compensado- de los recursos naturales de esta parte del hemisferio.

Ahora, sin embargo, va hacia Venezuela prácticamente por lo mismo; quiere el petróleo venezolano. Quiere reemplazar los 500 mil barriles diarios que Rusia le proveía hasta hoy. Y esto, dada las condiciones del mundo de hoy, luce comprensible. Estados Unidos, y el mundo occidental, se han dado cuenta -aunque tarde- de lo peligroso y de lo que es capaz de hacer Vladimir Putin, incluso hasta de amenazar con activar las ojivas nucleares si no nos ponemos de rodillas. Y es ahora, por tanto, que es necesario buscar alternativas de aprovisionamiento de petróleo y gas que no sean las que provienen de Rusia.

Situados como lo estamos, en Canadá, nos preguntamos por qué Venezuela y no Alberta. Recordemos que el gobierno de Biden, apenas habiendo empezado su mandato el año pasado, canceló el proyecto Keystone XL, ya en ejecución, que consistía en la construcción de un oleoducto de 1 897 kilómetros que iría desde la ciudad Hardisty, en la provincia canadiense de Alberta, hasta Nebraska, en Estados Unidos, llevando nada menos que unos 830 mil barriles diarios de petróleo.

En cambio, Venezuela, aparte de ser un aliado de Putin, en la actualidad a duras penas produce en sus vetustas y mal mantenidas instalaciones, unos 230 mil barriles diarios de crudo pesado; y Estados Unidos necesita 500 mil; y para lo cual estaría dispuesto hacer inversiones a través de sus empresas petroleras que ya operan en Venezuela, en cantidades suficientes como para aumentar esa oferta en el más corto tiempo.

En este sentido, el acercamiento de Estados Unidos al régimen venezolano tiene su lado positivo: sacar del juego a la dictadura de Putin. Eso sería un gran avance para Venezuela. Pero si la estrategia estadounidense, no va acompañada de una exigencia de una apertura hacia la democracia por parte del chavismo, no se habrá hecho más que cambiar de dictador como proveedor de crudo: de Putin a Maduro.

No obstante, y aunque nos duela, frente a la nada que hoy tenemos, más vale mover un tantito al monstruo de su confortable estatus, y que, si bien no podemos apartarlo definitivamente, por lo menos que la gente tenga un respiro en su diario vivir. Cuando algo se mueve, existe la posibilidad que aparezcan nuevas oportunidades.

Autor: Víctor Hugo Ortiz

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú y el diario El Nacional de Venezuela. Tiene una larga experiencia como empresario y administrador. Ha sido testigo y muchas veces actor de los grandes cambios políticos y sociales que han ocurrido en Latinoamérica. Vive en Montreal desde el año 2004 y es cofundador de NM.

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